Funiculares: un paseo entre la Yunga y la historia
Nacido como un ambicioso proyecto ferroviario en los años 50, hoy es un sendero de baja dificultad entre Horco Molle y Yerba Buena.



El recorrido arranca en el Centro Asistencial Primario de Salud (CAPS) de Horco Molle y culmina en el cuarto puente de la estructura, tras un trayecto de 2,58 kilómetros que puede completarse en aproximadamente una hora y cuarto de caminata tranquila. Su perfil de dificultad baja lo convierte en una opción apta para caminantes sin experiencia previa en trekking, y su habilitación se extiende durante todo el año, sin restricciones estacionales, teniendo mayor precaución en los días de lluvia.
El circuito se remonta a mediados del siglo pasado. Entre 1948 y 1955, la Universidad Nacional de Tucumán impulsó un ambicioso proyecto ferroviario: un tren eléctrico que uniera los centros estudiantiles de Horco Molle con la cima del cerro San Javier. La obra nunca llegó a completarse (el golpe de Estado de 1955 y complicaciones de índole ambiental la dejaron trunca) y sus vías y puentes quedaron abandonados a la intemperie. Con el paso de las décadas, La unión entre los esqueletos de rieles y durmientes y la voluptuosa vegetación yungueña formaron uno de los recorridos mas imponentes de la provincia.

Para quienes transitamos esas vías en los años 90, la postal actual tiene poco que ver con el recuerdo. Antes de que existiera la pasarela, cruzar el Funicular era una travesía en el sentido literal: caminando sobre los durmientes, calculando cada paso, con el vacío de fondo y ninguna baranda que sostuviera el equilibrio. Lo que hoy es un paseo señalizado y de baja dificultad, entonces era una prueba que muchos hacíamos casi a escondidas, sabiendo que un mal cálculo podía costar caro. Por eso, la puesta en valor del paseo no es un dato menor: es la constatación de que aquella travesía hoy maduró en un espacio accesible y seguro desde el que contemplar la imponente selva subtropical.
