214 años del decreto que disolvió la Reducción de los Indios Quilmes
Un repaso por la historia de resistencia y desplazamiento forzado que une al oeste tucumano con el conurbano bonaerense.


Cada 14 de agosto se conmemora una efeméride que, aunque lleva el nombre de un municipio bonaerense, tiene su origen en el oeste tucumano. La fecha remite a la disolución, en 1812, de la Reducción que mantuvo sometida durante casi un siglo y medio a la comunidad Kilme, un pueblo diaguita oriundo de los Valles Calchaquíes tucumanos, que fue desarraigado de su territorio por la fuerza en el siglo XVII.
La historia de los Kilmes es, ante todo, un capítulo de la historia tucumana. La comunidad habitaba la actual zona de la Ciudad Sagrada de Quilmes, uno de los sitios arqueológicos más importantes del país, ubicado sobre la Ruta 40 en el oeste de la provincia. Desde allí sostuvo, junto a otros pueblos de los valles, más de un siglo de resistencia contra el avance español en los enfrentamientos conocidos como las Guerras Calchaquíes, que se desarrollaron en tres episodios sucesivos entre 1560 y 1666 en territorio de las actuales provincias de Tucumán y Catamarca.
La resistencia kilme, la más prolongada entre los pueblos originarios que enfrentaron la conquista española en la región, terminó en 1665, cuando las fuerzas coloniales lograron doblegar ese último bastión. Al año siguiente, cientos de integrantes de la comunidad fueron obligados a abandonar su territorio y emprender una marcha forzada de más de 1.200 kilómetros desde los Valles Calchaquíes hasta las cercanías del Río de la Plata. Según distintos relevamientos históricos, buena parte de quienes iniciaron esa travesía murió en el camino por falta de agua y alimento; solo una fracción llegó con vida a destino.
El recorrido, iniciado en la actual zona arqueológica tucumana, terminó en un asentamiento colonial creado por los españoles para controlar, evangelizar y utilizar como mano de obra a los pueblos originarios trasladados: la Reducción de la Exaltación de la Santa Cruz de los Indios Quilmes. Con el tiempo, ese asentamiento dio origen al nombre de la actual ciudad bonaerense de Quilmes, aunque el pueblo que le dio identidad nunca dejó de pertenecer a la historia tucumana.

No todas las familias kilmes fueron desplazadas hacia Buenos Aires: parte de la comunidad permaneció en la región o fue distribuida hacia otros puntos del actual noroeste argentino, y con el paso de las décadas algunos descendientes lograron recuperar el vínculo con su territorio de origen. En 1716, medio siglo después del desarraigo, una Cédula Real reconoció al cacique Utibaitina, de la Comunidad Amaicha y Quilmes, la propiedad de las tierras ancestrales en el oeste tucumano, un antecedente que hoy se vincula con la identidad de las comunidades indígenas que continúan habitando esa zona de la provincia.
Recién en 1812, casi ciento cincuenta años después de la deportación, el Primer Triunvirato surgido de la Revolución de Mayo declaró disuelta la Reducción bonaerense y puso fin a las restricciones que sometían a los descendientes de aquella comunidad originaria.