Pinceladas literarias: "Acuarelas y pinceles" un cuento del Lidia Mora

Sección y selección a cargo de Valentina Pereyra.

Pinceladas literarias: "Acuarelas y pinceles" un cuento del Lidia Mora
Pinceladas literarias (Vía Tres Arroyos)
27 de septiembre de 2026, 08:00

Vía Tres Arroyos te presenta una nueva entrega de Pinceladas literarias, la sección a cargo de Valentina Pereyra, en esta oportunidad ha seleccionado un cuento del Lidia Mora:

Acuarelas y Pinceles

Decidí esa tarde tomar el tren en lugar del colectivo. Bajé por Florida hasta Plaza San Martín, no estaba repleto de gente aún. Uno de los beneficios de no tomar vacaciones en enero es poder ver como la ciudad se despereza más tarde, con un ritmo más sereno, como en cámara lenta.

Atravesé la plaza y antes de la barranca, me llamó la atención una chica. Estaba sentada sola, tomando sus rodillas entre los brazos y sonriendo aparentemente a la nada. Volví sobre mis pasos y traté de seguir el recorrido de su mirada como un hilo imaginario, a través de algunas ramas y pájaros; y ahí lo vi.

Él estaba sentado con su espalda apoyada en un árbol. Sobre las piernas tenía un cuaderno de hojas grandes y a un costado un estuche con acuarelas y pinceles. Ella veía parte de su espalda y tenía acceso directo a su mano izquierda. Él estaba en su mundo, midiendo en el aire distancias con un lápiz mientras cerraba un ojo y luego llevaba esas dimensiones al papel, marcando la altura de la Torre de los ingleses en líneas finas y poco definidas.

La curiosidad de ella llamó a mi curiosidad así que me quedé, espectadora de esa escena. Él dibujando, ella mirando, y yo testigo de todo.

Cuando terminó de bocetar en lápiz comenzó a aguar los colores. Tomó un poco de azul marino, negro, otro poco de blanco y en la tapa de su estuche comenzó a mezclarlos. Con otro pincel limpio humedeció la hoja y empezó a pintar su cielo. Ella sonreía mientras el color se iba esparciendo por la hoja, haciendo caminitos entre el agua y la textura. Un poco más oscuro en el horizonte, espacios en blanco simulando algunas nubes y el rojizo para las piedras.

Limpió el pincel y comenzó a preparar los verdes para los jardines con el contraste del blanco de las veredas. En el medio de la hoja quedaba el espacio dónde comenzaría a pintar la torre, las ventanas, el balcón, el reloj y las palmeras que la acompañan. Ella miraba atenta, por momentos parecía que contenía la respiración, en otros relajaba y hamacaba el cuerpo adelante y atrás.

Después de unos minutos, con la hoja seca él tomó el plumín y comenzó a trazar las líneas en negro que definirían las formas: las rejas, los vidrios y marcos de las ventanas, las hojas de las palmeras, las agujas del reloj y los números romanos.

Ella estiraba su cuerpo para acercarse lo más posible sin que él la viera. Alargaba el cuello y con los ojos entre cerrados trataba de no perderse un solo movimiento, como si de cada uno de ellos dependiera entender el resultado.

Él lo firmó, quitó la cintas que usó para definir el límite del dibujo y lo levantó en vertical sobre su pierna, dándonos acceso, a ella y a mí, a ver el resultado final. Él sonrió. Ella aplaudió.

Sobre la autora

Nació el 8 de agosto de 1979. De carpintera y fotógrafa a trabajar en sistemas. Participa de un taller de escritura desde el 2021. Le gusta contar historias y llevar imágenes a los cuentos.