La película de Netflix que destapó los secretos del Vaticano y reveló la verdad detrás del papa Francisco
La historia protagonizada por Anthony Hopkins y Jonathan Pryce mezcla hechos históricos con escenas ficticias sobre el camino de Jorge Bergoglio hacia el papado.

En medio de la expectativa por la llegada del papa León XIV a la Argentina en noviembre, una película de Netflix invita a mirar hacia uno de los episodios más impactantes de la historia reciente de la Iglesia católica. Se trata de Los dos papas, el drama que reconstruye el vínculo entre Benedicto XVI y Jorge Bergoglio antes de que el cardenal argentino se convirtiera en Francisco.

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Dirigida por Fernando Meirelles y estrenada en 2019, la producción pone el foco en las tensiones dentro del Vaticano, las diferencias entre dos figuras de la Iglesia y una renuncia que sorprendió al mundo. Sin embargo, aunque parte de acontecimientos reales, no todo lo que muestra ocurrió tal como aparece en pantalla.

La renuncia de Benedicto XVI y el ascenso de Jorge Bergoglio
Uno de los principales acontecimientos históricos que aborda la película es la decisión de Joseph Ratzinger de abandonar el papado en febrero de 2013. La renuncia fue excepcional en la historia moderna de la Iglesia y abrió el camino para la elección de un nuevo pontífice.

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El filme también recupera el recorrido de Bergoglio, desde sus años en Argentina hasta su llegada al Vaticano. Jonathan Pryce interpreta al futuro papa Francisco, mientras que Anthony Hopkins encarna a Benedicto XVI. Juan Minujín, por su parte, da vida al cardenal argentino en su juventud.

La historia incorpora además el escándalo conocido como Vatileaks, que salió a la luz en 2012 tras la filtración de documentos confidenciales del Vaticano. El episodio expuso conflictos internos de la institución y forma parte del contexto en el que se produjo la renuncia de Ratzinger. Sin embargo, no hay pruebas concluyentes de que ese escándalo haya sido el motivo directo de su decisión.
Qué es real y qué inventó la película de Netflix
El punto más delicado de Los dos papas está en las conversaciones privadas que presenta entre Benedicto XVI y Bergoglio. Los encuentros prolongados, los diálogos personales y varias escenas que muestran cómo ambos intercambian sus visiones sobre la Iglesia fueron recreados con fines dramáticos. No existe evidencia pública de que esas reuniones hayan sucedido exactamente como se ven en la película.
También hay momentos deliberadamente ficticios, como la escena en la que los personajes comparten pizza y bebida en un espacio del Vaticano. Son recursos narrativos que acercan a los protagonistas al público, pero no deben confundirse con hechos documentados.
La película también simplifica sus diferencias al presentarlos como dos figuras enfrentadas: una más conservadora y otra reformista. Esa oposición ayuda a sostener el relato, aunque la realidad de sus posturas y de la vida interna de la Iglesia fue más compleja.

Así, Los dos papas ofrece una mirada cinematográfica sobre un cambio histórico, pero su mayor atractivo está en descubrir dónde termina la historia comprobada y empieza la ficción. Una propuesta para quienes quieren conocer más sobre el camino de Francisco hacia el Vaticano sin perder de vista que se trata de una dramatización.
