Conmoción total: falleció un renombrado actor que marcó a toda una generación
Ganador de un Premio Goya, dejó una huella imborrable con sus recordados personajes en el cine español.


El cine español atraviesa una jornada de profundo pesar tras conocerse la muerte de Manolo Solo, uno de los actores más respetados de las últimas décadas. El intérprete falleció a los 62 años, según confirmó la Academia de Cine de España, dejando atrás una carrera que superó el centenar de producciones y que lo convirtió en una figura imprescindible tanto para el cine de autor como para las grandes producciones comerciales.

Su desaparición representa una importante pérdida para la industria audiovisual española, donde colegas, directores y espectadores lo recuerdan por su talento, su versatilidad y la capacidad que tenía para construir personajes complejos con absoluta naturalidad.

Nacido en Algeciras, Cádiz, como Manuel Jesús Fernández Serrano, adoptó el nombre artístico Manolo Solo durante su juventud. Antes de dedicarse por completo a la actuación transitó el mundo de la música y estudió Ciencias de la Educación, aunque finalmente encontró en la interpretación el camino que definiría toda su vida profesional.

Su debut en el cine llegó a comienzos de los años 2000 y, con el paso del tiempo, fue consolidándose como uno de los rostros más habituales del cine español. Participó en producciones de enorme repercusión como El laberinto del fauno, dirigida por Guillermo del Toro; Celda 211, de Daniel Monzón; y La isla mínima, de Alberto Rodríguez, entre muchas otras.
Su momento de mayor reconocimiento llegó con Tarde para la ira, la ópera prima de Raúl Arévalo, trabajo que le permitió obtener el Premio Goya al Mejor Actor de Reparto en 2017. Aquella interpretación también le valió importantes reconocimientos por parte de la crítica y de la industria.

Aunque el cine fue el espacio donde alcanzó mayor popularidad, Manolo Solo también desarrolló una destacada carrera en televisión y teatro. El público lo vio en ficciones como Hospital Central, Aída, El Ministerio del Tiempo, La Peste y 30 monedas, demostrando una enorme facilidad para adaptarse a registros completamente diferentes.
Paralelamente mantuvo una intensa actividad teatral y trabajó como actor y director de doblaje, consolidándose como uno de los intérpretes más completos de su generación.
En 2025 volvió a ocupar un lugar destacado en la temporada cinematográfica gracias a Una quinta portuguesa, película que le otorgó una nueva nominación a los Premios Goya y confirmó que seguía atravesando uno de los mejores momentos de su carrera.

Con su fallecimiento, el cine pierde a un intérprete que supo ganarse el reconocimiento del público y de sus colegas, dejando una trayectoria que continuará siendo referencia para las nuevas generaciones de actores.