El santiagueño, número 117 del mundo, contó cómo fue la situación que le tocó pasar y la reacción del mundo del tenis ante su denuncia.


Marco Trungelliti, el tenista santiagueño que tuvo su pico de exposición el año pasado cuando logró entrar al cuadro principal de Roland Garros y cautivó a todos con su particular forma de ser, vuelve a estar en el centro de la escensa, aunque esta vez por animarse a denunciar a la mafia de las apuestas que opera alrededor del tenis. 

El deportista de 29 años, recordó cómo fue el calvario que vivió, allá por junio de 2015, cuando un par de sujetos lo contactaron para hacerle una propuesta de “sponsoreo”. “Nosotros tenemos es un sistema de apuestas y hablamos con los jugadores para arreglar partidos. Ofrecemos entre 2000 y 3000 dólares por partido de Future, entre 5000 y 10.000 en Challengers, y entre 50.000 y 100.000 por encuentros de ATP”, asi de sencillo lo explicó uno de los negociadores, que se juntó con él en un bar de Belgrano.

El mail en el que Trungelliti reveló que le habían ofrecido arreglar partidos por dinero.

No todo quedó allí, ya que esta persona le reveló que trabajan con ocho jugadores del circuito y le explicaron que en caso de aceptar, ellos lo iban a llamar por celular antes del cotejo que debía perder y luego le entregarían el dinero a una persona de su confianza. La única condición era nunca contactar por Whatsapp ni Facebook.

“Cuando me ofrecieron vender partidos pensé: ‘No hay manera, esto no es lo mío, no estoy acostumbrado a estas cosas, viviría con una culpa inhumana”, explicó Trungelliti, y dijo que apenas llegó a Suiza, denunció lo ocurrido a Tennis Integrity Unit (TIU), un ente independiente que es financiado por la Federación Internacional de Tenis , la ATP, la WTA, el Australian Open, el Abierto de Francia, Wimbledon y el US Open.

Si bien el tenista santiagueño nunca más respondió los mensajes que le llegaron, el Challenger de Buenos Aires se acercaba y él sabía que intentarían nuevamente ponerse en contacto. Por eso, no dudó en alertar a la investigadora Dee Bain, a la que le comentó: “Me escribió en código, me decía algo sobre una raqueta, pero estoy bastante seguro de que eso es por lo que ya sabes. Y probablemente vayan a estar allí, y probablemente intenten hablar conmigo cara a cara. Por mi seguridad, necesito saber qué decirles en ambas situaciones. Argentina no es un lugar seguro para estar, especialmente en este tipo de casos. Saben dónde vivo, dónde camino y, en serio, no quiero sentirme más inseguro que ahora”, le expresó con preocupación.

Estos negociadores, que seguían intentado convecer a Trungelliti, cometieron el error de usar su telefono personal y eso fue clave, porque el tenista hizo captura y le envió los datos a la TIU, que rápidamente empezó a acceder a la infgormación y vio que desde ese número había contactos con los tenistas Federico Coria, Nicolás Kicker, Patricio Heras y unos cuantos más que ya estaban siendo investigados.

La certificación de la entrevista grabada entre Trungelliti y la TIU.

Los tres tenistas argentinos fueron suspendidos y eso trajo consecuencias para el oriundo de Santiago del Estero, que participó del juicio, brindando su testimonio, algo que varios deportistas no le perdonaron y lo trataron de buchón. “Tuve que decir lo que me había ocurrido en 2015 frente a los tres argentinos. Fue horrible. No era yo el único testigo. Los abogados de los chicos dijeron que yo estaba haciendo esa denuncia porque tenía mala relación. Pero eran todas estupideces porque no tenía nada que ver. Me atacaban creyendo que yo los había denunciado y no es verdad: yo denuncié a una persona y esa estaba unida a ellos. No fui ahí para juzgar a nadie, conté solo lo que me pasó a mí”, destacó.

Tras otros incidentes en el circuito y con varios tenistas que lo encararon por esta situación, Trungelliti que llegó para participar de los torneos en Córdoba y en Buenos Aires, sostiene que seguir así es inviable. “Mi cabeza es una fogata, estoy quemado. Desde que llegué que prácticamente no duermo. Siento que si miro mal un poco a uno me quiere cagar a piñas. No soy ni topo ni buchón. No aguanto más”, culminó en una nota brindada a La Nación






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