La pequeña de ocho meses padecía un rara enfermedad y había estado internada en Mendoza. En su momento, la familia organizó bingos para poder afrontar los gastos médicos.


Isabella Fernández tenía seis meses de edad cuando comenzó a tener serios problemas de salud debido a una rara enfermedad que médicos y especialistas no lograron diagnosticar. Desde de marzo, a pesar de todo el esfuerzo, la salud de Isabella empezó a deteriorarse hasta que no resistió más.

En junio la pequeñita fue internada en el área pediátrica del Hospital San Luis con un diagnóstico provisorio que indicaba que tenía una dificultad respiratoria “obstructiva e hipotonía (condición donde los músculos pierden estructura)”, a eso se le sumó una pérdida de “pautas madurativas”.

Anteriormente, durante todo el proceso de diagnóstico, Isabella pasó por una neumonía y lentamente su salud empezó a deteriorarse al punto que los especialistas le realizaron una traqueotomía y posteriormente una intubación orotraqueal (una sonda). Es por eso que la bebé había sido derivada al Notti de Mendoza.

Los profesionales sospecharon por un momento de que la bebé padecía botulismo, pero se descartó a la brevedad. La rareza de su enfermedad provocó que fuera asistida por los servicios de Neurología, Crecimiento y Desarrollo, y el grupo de Errores Congénitos del Metabolismo.

El 19 de marzo fue cuando Isabella ingresó al Notti con un diagnóstico que determinó: “Lactante hipotónico (disminución de la resistencia al movimiento pasivo de las articulaciones), con encefalopatía crónica evolutiva (desorden en el encéfalo) y la probabilidad de hipotónico con afectación tronco cerebral y médula espinal con aumento del ácido láctico (un raro trastorno neurológico genético).

Isabella Fernández está internada en el Notti.

En resumidas cuentas, Isabella tenía una enfermedad muy rara, se trataba de “al menos el segundo caso” en el país sin diagnóstico. 

Para que la trataran en Mendoza, sus padres y hermanos debieron mudarse a la provincia vecina, pero como no tenían dinero para pagar el alquiler estuvieron a punto de ser desalojados. Desde San Luis organizaron bingos y pidieron colaboraciones para poder sostener la situación.

Lamentablemente, a pesar de todo el esfuerzo de los médicos, familiares y de la comunidad que colaboró, Isabella no resistió más y el miércoles alrededor de las 11:30, con ocho meses de vida, falleció.

Fuente: El Chorrillero.





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