Claudio tiene 38 años, es de San Francisco y quiere terminar la escuela para tener "un futuro mejor". Se quedó sin trabajo, no tiene casa y vive a la intemperie desde hace dos meses.


Se llama Claudio, es de San Francisco, tiene 38 años y desde hace dos meses sufre como tantos argentinos la extrema situacion de encontrarse sin un hogar donde pernoctar y por lo tanto en las noches duerme en la calle.

Sin embargo, lejos de darse por vencido, su actitud va hacia la dirección contraria: está haciendo todo lo posible para salir a flote y salir del difícil trance que la vida le está jugando en este momento.

Claudio Martín Ramos tiene 38 años y procura ganarse unos mangos lavando autos, en inmediaciones de la Plaza General Paz en esa ciudad de Cordoba.

Por la mañana, se lo puede ver en ese lugar ofreciendo sus servicios. Sin embargo, cuando cae la tarde, toma sus pocos útiles y la bicicleta y se marcha a la escuela, a cursar sus estudios primarios en la escuela nocturna J.B. Iturraspe.

En el fondo aparece Claudio Ramos, el joven de San Francisco que lava autos de día, estudia por la tarde y de noche duerme en la calle. (La Voz de San justo)

La historia de este hombre fue dada a conocer por el periódico local La Voz de San Justo.

Claudio espera terminar la educación básica y poder encontrar “un trabajo digno”. 

Hacía 30 años que no pisaba un aula, pero siempre creyó que algún día volvería, después de abandonar en segundo grado, obligado por su contexto de vulnerabilidad social.

El 22 de julio pasado fue su primer día de clase, después del receso de invierno.

“Mi mayor sueño es conseguir un trabajo digno para salir adelante”, confesó Claudio a ese medio.

Claudio Ramos recibió una bicicleta para asistir a clases. (El Periódico de San Francisco)

Claudio quedó en la calle tras quedarse sin trabajo y no poder pagar la pensión donde vivía. Su horario de clases es hasta las 21, pero se retira a las 20 para poder tener un plato de comida que una ONG solidaria reparte en la zona donde cada noche duerme.

El colegio le permite esta salvedad de retirarse antes de las clases.

“Mi mayor sueño es conseguir un trabajo digno para salir adelante. Lo que más me cuesta es dividir, pero creo que es algo difícil para todos los que estamos acá”, dijo a La Voz de San Justo.

“Lo más difícil de vivir en la calle es levantarte en la mañana y no tener ninguna comodidad, no poder levantarse y compartir un mate o encender una hornalla para tener algo caliente en el estómago”, afirmó.

“La oportunidad siempre está, creo que depende de cada uno tomarla”, expresó el protagonista de esta historia. 





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