El establecimiento está ubicado en la localidad salteña de Coronel Juan Solá y forma parte del proyecto de uso sostenible de la biodiversidad.


El pasado miércoles se inauguró la planta Tayhi K´os Lhay, se trata de un molino enclavado en pleno chaco salteño, en el departamento Rivadavia. Gracias a esta iniciativa de la secretaría de Ambiente, que promueve la incorporación del uso sostenible de la biodiversidad en las prácticas de pequeños productores, las comunidades wichís de la zona tendrán acceso al molino y fraccionador de harina de algarroba, mistol y chañar.

La planta Tayhi K´os Lhay

El secretario de Política Ambiental en Recursos Naturales, Diego Moreno, explicó que “lo que esto va a permitir es que las comunidades puedan procesar su producción, estandarizarla y envasarla para llegar con un producto de alta calidad a un mercado que hoy lo está demandando”. Además, Moreno aseguró que esto “va a redundar en una mejora en la calidad de vida de la gente y en una mejor valoración de los recursos del bosque nativo”.

El algarrobo con sus frutos.

Un desarrollo como este no lo podemos pensar sin la gente, sin el ambiente ni tampoco sin lo institucional”, sostuvo Moreno. “Los distintos actores de la sociedad tenemos que tener algunos consensos y vías de diálogo para poder generar estas iniciativas”, finalizó.

El mistol del monte.

La instalación de este molino beneficiará directamente a las comunidades wichí Lewetes Kalehi (Los Baldes), Lewetes (La Cortada), Lewetes Letsenkwat (Pozo El Chañar) y a la Asociación Civil Tepeyac.

El fruto del chañar.

Tayhi K´os Lhay, que en wichí significa frutos del monte, es un establecimiento molino y fraccionador de harina de algarroba, mistol y chañar. Allí trabajan siete operarios, y la idea es que con la venta de la algarroba se beneficien unas 100 familias de las comunidades de la zona.

Harina de algarroba, el nuevo superalimento.

La algarroba es uno de los alimentos autóctonos más antiguos utilizados en Sudamérica, representando uno de los productos forestales no madereros principales de la Argentina. Su consumo se vincula a costumbres ancestrales, en que las comunidades elaboraban la harina de algarroba con mortero de madera. El mismo se extrae de los frutos o vainas que dan los árboles de algarrobo, que son cosechados entre noviembre y febrero. De cada árbol se puede obtener anualmente entre 15 y 40 kg de harina de algarroba. La cadena de valor comienza con la recolección, la clasificación, el lavado, el secado, el molido y el posterior envasado.

Bizcocho de algarroba.




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