Se llama Olga, vive en el barrio salteño Fraternidad, y pide solidaridad y compasión. Su discapacidad le impide valerse por sí misma y vive en estado de abandono.


Olga vive en el barrio salteño Fraternidad, tiene 65 años y luego de un largo proceso de disminución de la visión, finalmente quedó ciega. Además, la mujer tiene un leve retraso mental que hace que la solidaridad de los vecinos no sea suficiente para ayudarla a pasar sus días.

Hace una semana, Valeria, una vecina del barrio, denunció la precaria situación en que vive Olga por medio de las redes sociales, y mucha gente se solidarizó, pero la buena voluntad no es suficiente.

“Ella necesita que la cuiden todo el día, o que la lleven a un lugar donde la puedan cuidar. Cuando viene Asistencia Social le traen detergente, arroz…¡no tiene cocina! Ni ollas, ni platos ni nada. ¡Olga no tiene nada!”, contó Valeria a VíaSalta, quien además explicó que tanto la ceguera de la mujer como su discapacidad mental le impiden poder realizar las tareas más simples.

Valeria también contó que tanto ella como otros vecinos intentaron realizarle los trámites en IPS para poder facilitarle la asistencia, pero que piden demasiados papeles y datos que la misma Olga no puede proporcionar, con lo cual siempre queda en la nada.

“De la Cooperadora Asistencia y Asistencia Social no entienden que Olga es discapacitada, que necesita que la cuiden,” contó Valeria.

La familia de Olga la visita poco, y una de sus hijas también es discapacitada. Valeria contó que el domingo pasado, un familiar se la llevó para que viva con él, pero que no es la primera vez que sucede, y Olga siempre regresa a su precaria vivienda, de paredes sin revoque y techo de chapa, donde vive de la solidaridad de los vecinos.

Para esta abuela salteña, la situación ya es insostenible: no solo tiene que lidiar con la pobreza y la ceguera, sino que tiene que soportar que malvivientes se aprovechen de su discapacidad y le roben lo poco que tiene. Ella intenta protegerse encadenando la precaria puerta, pero muchas veces se queda encerrada y no puede salir, y esto no impide que delincuentes ingresen, como lo hicieron la semana pasada, cuando le robaron el inodoro.

Olga no puede valerse por sus propios medios, y necesita cuidado especial sostenido en el tiempo. No arroz y detergente, sino un lugar donde pueda cubrir sus necesidades, donde no la roben y maltraten, donde no deba encadenar su puertita ni vivir de la buena voluntad de los vecinos.

“Yo estoy ciega, no puedo ir sola. Antes me manejaba sola pero ahora llego hasta la esquinita y ya me desmayo. Pido que me ayuden, que me consigan una persona que me cuide. Estoy solita mi hijo no viene, mi hija tampoco. Nadie viene”, dice Olga. 






Comentarios