Valeria Mazza y Alejandro Gravier celebraron este lunes 28 años desde que dijeron "sí quiero" y la modelo eligió las redes sociales para conmemorar el aniversario. Compartió en Instagram una fotografía de la tapa de la revista Caras que inmortalizó aquella boda de 1998 en el Hipódromo de Palermo, rodeada de amigos y familiares.
La imagen se volvió viral en pocas horas y acumuló miles de reacciones entre sus seguidores, que celebraron la historia de la pareja con mensajes de cariño y admiración.

La boda fue un evento de alto perfil en el mundo del espectáculo argentino. Ambos eligieron diseños de Giorgio Armani y llegaron al lugar de celebración en carruaje, en una ceremonia que marcó el inicio oficial de una historia que ya llevaba ocho años de noviazgo.
Un amor que empezó en un desfile
La historia entre Valeria y Alejandro arrancó en 1990, cuando ella tenía apenas 18 años y empezaba a despuntar en el mundo de la moda. Él tenía 28 y acababa de llegar a Buenos Aires.
"A Alejandro lo conozco apenas llegó a Buenos Aires. Él me ve en un desfile de Mar del Plata en el Hotel Hermitage", contó la modelo en su visita a La Noche de Mirtha Legrand, recordando con precisión el momento en que se conocieron.

La relación sobrevivió los vaivenes de una carrera internacional exigente, con viajes frecuentes y meses de distancia. Lejos de desgastarlos, esos años consolidaron un vínculo que en 1998 dio el paso definitivo.
La propuesta que ninguno olvidará
La manera en que Alejandro Gravier le propuso matrimonio a Valeria Mazza se convirtió con el tiempo en una de las anécdotas más contadas de la pareja.
Fue en un restaurante de Nueva York. Valeria se retiró unos minutos y al volver encontró un anillo de compromiso escondido debajo de la servilleta. La sorpresa fue total y la respuesta, inmediata.

Desde entonces, la pareja construyó una familia de seis: cuatro hijos, Balthazar, Tiziano, Benicio y Taína, criados siempre lejos del ruido mediático. A 28 años de aquella boda en el Hipódromo de Palermo, la foto que Valeria eligió compartir dice más que cualquier declaración: algunos amores simplemente resisten el paso del tiempo.
