Por ahora, asisten a unos 38 pequeños todos los martes y jueves, con una taza de leche y algo para comer. La idea es poder darles la merienda todos los días, principalmente en vacaciones, incluyendo a adultos mayores en situación de vulnerabilidad.


La historia de Mercedes Brochero, por todos conocida en Río Primero como Doña Mecha, emociona y conmueve. Con casi 80 años de edad, preside la comisión del Club de los Canarios, en el barrio Lucchi de la localidad, y no deja de preocuparse y ocuparse por las necesidades de los sectores más vulnerables del pueblo.

“Hace mucho que veníamos con la idea del merendero, pero ahora tenemos el apoyo de mucha gente para poder hacerlo realidad”, destacó Mecha.

Dueña de una historia de vida de lucha y superación constantes, cuenta con orgullo la posibilidad que tuvo de poder terminar la escuela primaria y secundaria en la nocturna para poder estudiar Costura. “Estudié tres años más y me recibí, tengo mi título”, dice satisfecha.

Además, fue durante 25 años cocinera en un restaurante local, “por eso ahora que ya estoy en casa y que puedo hacer algo por alguien, por qué no hacerlo”, dice después de haber sido hogar de tránsito durante tres años de 10 hermanitos, que todavía hoy, mantienen la tradición de reunirse con Mecha todos los 25 de mayo, en una gran mesa familiar.

Merendero Doña Mecha

Con 38 niños inscriptos, el Merendero abrió sus puertas y recibe a los pequeños los martes y jueves a las 18.30h “por ahora, después se va a ir extendiendo hasta cubrir todos los días”, asegura Mecha.

En las instalaciones del club, hay capacidad para recibir hasta 80 niños, pero en el caso de superarse esa cantidad, se desdoblarían los turnos de la merienda. “No va a ser solo para los niños. Si hay alguna persona que lo necesita, la taza de leche con el pedazo de pan, no se le va a negar. Incluso si no se pueden llegar, que nos avisen y se lo vamos a llevar a la casa”, comentó doña Mecha.

El Merendero “Unidos para verlos reír” funciona con el aporte voluntario de los vecinos, por lo que cada donación es sumamente valorada: “Todo es bienvenido. Lo que me importa es que los niños estén bien”.

Criada en un rancho, como ella misma lo cuenta, Mecha trabajó desde muy pequeña en la quinta. “No le tengo miedo al trabajo ni a la pobreza”, asevera. “Para mí es una alegría ver que uno puede todavía hacer algo por alguien. He pasado por muchas cosas difíciles pero acá estoy, es mucho lo que tengo que agradecer”, dice con un estusiasmo que contagia.

El Merendero está necesitando una garrafa, porque la que están usando es prestada y deben devolverla. Y todo tipo de donaciones que puedan acercar de leche, dulces, cacao y mermeladas, serán bienvenidas.





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