El 18 de junio se cumplen 90 años del nacimiento de Roque Marrapodi, puntaltense adoptivo que jugó en Asfalto Frío y Rosario Puerto Belgrano. Fue campeón con la Selección Argentina en 1955. Conocé su historia.


Roque Saverio Marrapodi inspiró poemas, tangos, Fontanarrosa le dedica un párrafo en el cuento “Los Nombres”, fue tapa de “El Gráfico”, para muchos el mejor arquero de la historia de Ferrocarril Oeste,  fue campeón de la Copa América 1955. Sin embargo, es un gran olvidado en Punta Alta, la ciudad donde creció y en la que, gracias a los penales atajados, le compró una casa a “su viejita”.

Hoy Deportivo Punta Alta, en 1930 Asfalto Frío donde empezó Marrapodi

Nació en Guaminí pero de niño ya se radicó en Punta Alta. Sus inicios fueron en el inolvidable Asfalto Frío de  nuestra ciudad, jugó en Rosario Puerto Belgrano y de allí pasó por Vélez, Temperley y Arsenal, donde se retiró. Sin embargo donde es poco menos que un prócer fue en Ferrocarril Oeste donde jugó más de 300 partidos. Además fue campeón con la Selección Argentina en la Copa América de 1955. 

La mítica revista “El Gráfico”, es poco  menos que la biblia del deporte argentino. Estar en sus páginas era solo para elegidos. Roque Marrapodi fue de Tapa, en la edición 1571 del 16 de septiembre de 1949.

Roque Marrapodi tapa de El Gráfico 1571, (16 de septimbre de 1949)

Su historia en Punta Alta: Fragmentos nota de El Gráfico, año 1954

En 1954, El Gráfico investigaba de dónde había salido un arquero de Ferro tan espectacular que parecía milagroso. La nota se tituló “La Leyenda de Marrapodi”. 

“(…) . A los 12 ó 13 años, Roque Marrapodi repartía los productos del almacén en un triciclo. El almacén era del colega puntaltense Héctor Louro, periodista por vocación irrenunciable. Louro escribía en un diario de Punta Alta, y por una de esas razones circunstanciales que a veces se presentan en la vida, un día compró un almacén. Y allí entró a trabajar aquel pibe rubio, flaco y alto, que apenas aparentaba 10 años. Y el pibe hacía diariamente el reparto de las mercaderías”.

Roque Marrapodi “El arquero que sabía volar”, en la Bombonera

Sin embargo sus comienzos en el deporte estuvieron en el básquet y, fundamentalmente, en el boxeo. Entrenaba con su amigo Santiago y esto provocaba que el reparto se demorara. ¿El motivo? el boxeo. 

Según publicó la revista “Goles” en octubre de 1949, Marrapodi llegó a hacer 20 peleas, ganó 18 y empató 2.  Pero su destino estaba en el fútbol. 

De Asfalto Frío y Rosario Puerto Belgrano a la Selección Argentina

​”Asfalto Frío se fundó en el barrio donde vivía Marrapodi, cuando en una avanzada de progreso comenzaron a pavimentar sus calles. Se discutieron varios nombres para el club: Once Corazones, Corazones unidos y otras cosas “corazonadas”.
​Hasta que uno de los fundadores se levantó y dijo: -¡Qué tantos corazones! ¡Vamos a ponerle Asfalto Frío, que es el progreso del barrio!

Asfalto Frío  no tenía arquero y así, Marrapodi empezó en el fútbol.

Debut en Rosario Puerto Belgrano: no dejaban pasar

En su debut en el club de la Liga del Sur le ocurrió algo pintoresco. El día que debía debutar en primera fue a la cancha de Villa Mitre con un complejo terrible por el debut. Y el portero, al verlo tan chiquito, no lo dejaba entrar: -Pero señor portero, tengo que jugar –decía Marrapodi.

Marrapodi

-Llegaste tarde pibe. La quinta juega a la mañana.

Tuvo que venir el presidente, y finalmente pudo defender el arco de Rosario por primera vez. 

El arquero que podía volar

Marrapodi necesitó de apenas dos temporadas en el arco de Rosario Puerto Belgrano para despertar el interés de Boca Juniors, San Lorenzo, Banfield y Ferrocarril Oeste, que a principios de 1949 enviaron intermediarios para observar de cerca a ese muchacho alto y flaco, con gran seguridad de manos.

Ferro 1963. Parados: Norberto Desanzo, Sergio Di Gioia, Héctor Carrasco, Alberto P. Mogaburu, Roque Marrapodi y José Leonardi.
Agachados: Osvaldo L. Biaggio, Héctor Berón, Rubén Fernández, Rafael Reynoso y Antonio Garabal.

Pero el primer acercamiento al fútbol grande se dio un año antes para llegar a Velez Sarsfield, pero no pudo ser. Pidieron 30 mil pesos por su pase, delante suyo estaba nada más y nada menos que Miguel Rugilo, el “León de Wembley.

“Quito”, que había trabajado en la sección Torpedos de la Base Naval, llegaría al fútbol grande en el 49, luego que Ferro pagara 25 mil pesos por su pase. Debutó ante Chacarita con triunfo de 2 a 1. 

Boca 3 – Ferro 1 en la Bombonera. El abrazo del puntaltense Roque Marrapodi con el bahiense José Pipino Borello

Con el tiempo las crónicas de la época le regalarían títulos como: “Marrapodi vs. Boca” o “San Lorenzo 0-Marrapodi 0”. Su rostro ilustraría la portada de decenas de revistas, láminas y figuritas, fue tentado por la Sampdoria italiana y llegó a integrar el plantel de la Selección Argentina que obtuvo la Copa América de 1955, no jugó porque adelante tenía al enorme Julio Elías Musimessi, ídolo de Boca, apodado “El arquero cantor”. 

Marrapodi jugó 438 partidos oficiales: 39 en Rosario P. Belgrano (1947-48), 274 en Ferro (1949-55 y 1961-65), 50 en Vélez Sarsfield (1956-59), 25 en Temperley (1960) y 46 en Arsenal (1966-67). También atajó en 2 partidos del combinado de la Liga del Sur (1949) y en 2 de la Selección Nacional (1954-55).

Anécdotas y curiosidades de un futbolista puntaltense olvidado

Un día fue a bañarse y se alejó un poco de la costa. Se acalambró y comenzó a sumergirse. Tragó agua, se hundió dos veces, y cuando se iba por tercera vez, del Sasso, que era arquero de otra división de Asfalto Frío, se tiró al agua, lo tomó del cabello y lo sacó ya completamente inconsciente. Curiosamente Roque Marrapodi terminó siendo notable en el puesto de quien le salvó la vida.

– Para el campeonato de 1951, la casa de electrodomésticos Carú ofreció un premio de 5.000 pesos a cada arquero que lograra atajar un penal. Marrapodi lo hizo en tres oportunidades y, con lo recaudado, pudo comprarle una casa a su madre Ana, en Punta Alta.

Otra atajada de Marrapodi en la Bombonera

 Tras retirarse como arquero, fue director técnico de Sporting (1968-69), Rosario P. Belgrano (1970) y All Boys y Deportivo Morón (ambos en 1971). Falleció el 14 de junio de 1994, a los 64 años.

– Sus atajadas fueron tantas y tan espectaculares que, décadas más tarde, sirvieron de inspiración para el tango El Flaco Marrapodi, de Rafael Nicolau, los poemas Marrapodi, de Juan José Caruso, y El de las rodilleras, de Felipe Ibáñez, e incluso llegaron a formar parte del cuento Los nombres, del genial Roberto Fontanarrosa.

Fontanarrosa escribió sobre Marrapodi

“(…) Marrapodi además volaba y se quedaba colgado en el aire con la pelota suya como un dirigible, remata, ¡vuela Marrapodi y atrapa! Roque Marrapodi, para colmo, nombre para reventarse las venas del cuello y que lloren los ojos por un solazo bárbaro de domingo a la tarde, lleno de gente porque entra Borello o quien sea y ¡tiraaa! y allá sale disparado Marra como un lanzazo, la boca abierta, más abierta, los ojos casi en blanco, el pelo exagerado en el aire, un pie aquí, el otro allá, un manchón verde, uno gris, ese golpe en la punta de los dedos como quien puede manotear un pájaro, una gaviota, caer hecho un manojo en el aire, los bigotes misturados de césped, el olor, relojear por bajo el brazo y la ingle dónde fue a parar esa bola y gritar sintiendo la garganta afiebrada de flema volóooo Marrapodi, medio arrastrando entre los dientes y la lengua la doble erre porque ya el flaco con el fulbo bajo el brazo va a buscar la gorra que quedó en el otro palo”, escribió el genial rosarino. 

– Angel Contela, un escritor e hincha de Ferro dedicó varios años a realizar entrevistas y búsquedas en archivos para reconstruir la vida del legendario arquero. “Una historia de alto vuelo”, lleva por título el libro que agotó su primera tirada en poco tiempo.

“Una historia de alto vuelo”, el libro sobre Marrapodi que agotó su primera edición.

– Tomás Barna, escritor húngaro, que trabajo en radio y TV francesa, ya jubilado, escribió varios libros y tuvo amistad con grandes del género como J. L. Borges, Julio de Caro, Piazzola, etc. presentó su libro “Los intensos goces de la escritura”, donde habla de J. P. Sartre, Cortázar y, entre otros, de un grande olvidado en el deporte argentino y este ensayo se titula “Balada en memoria del Albatros Marrapodi”.

– La exposición “La pelota, una pasión. La cancha, una emoción. El fútbol y los porteños, en el recuerdo”, realizada en la Ciudad de Buenos Aires en 2010, reservó entre miles de objetos históricos, las botas  usadas por Marrapodi en Ferro.

Rodilleras y botas del arquero puntaltense

Roque Saverio Marrapodi empezó repartiendo mercadería en el almacén de Louro, atrás quedaron el basquet y las piñas del comienzo en el box. El recorrido desde Asfalto Frío y Rosario Puerto Belgrano, la llegada a la Selección Argentina y su lugar en la historia de Ferro. 

El arquero que podía volar, un puntaltense olvidado. 





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