Una niña tomó un batido y murió porque la licuadora no estaba lavada: el caso que conmocionó al mundo
Un descuido habitual en la cocina de un comercio gastronómico desencadenó un fallo judicial que sacudió a toda la comunidad.

En 2023 ocurrió un caso que generó conmoción, enojo y tristeza en la ciudad de Londres, Inglaterra. Mia Shay St Hilaire, una niña de 12 años, murió luego de tomar un batido que había sido preparado en una licuadora que no estaba lavada.
Lamentablemente, el artefacto contenía restos de avellanas, un fruto que la chica no podía comer porque era alérgica. Luego de tres años de investigación, recientemente se esclareció cómo sucedió el hecho y qué consecuencias tendrán los dueños del local que vendieron el producto.

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Tomó un batido y falleció porque la licuadora no estaba lavada
El caso ocurrió en agosto de 2023. En aquel momento, Mia se presentó en Pop Inn Cafe, ubicado en el barrio de Bermondsey, Londres, y pidió un batido. Sin embargo, no sabía que el producto contenía restos de avellanas, un alimento que no podía comer porque era alérgica.
Por este motivo, sufrió una anafilaxia de rápida progresión que provocó que la trasladaran instantáneamente al Hospital Infantil Evelina. Aunque los médicos intentaron salvarle la vida, no pudieron reanimarla.
Dentro de la investigación, las autoridades policiales tuvieron acceso a las cámaras de seguridad y comprobaron que el dueño del local, Baris Yucel, había elaborado el batido sin lavar la licuadora. De esta manera, realizó la preparación dejando los productos que había usado anteriormente.

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¿Qué determinó la Justicia en el caso de Mia Shay St Hilaire, la niña que murió luego de tomar un batido contaminado?
Luego de una denuncia presentada por el Ayuntamiento de Southwark, Yucel se declaró culpable de seis infracciones, donde destacaron que sirvió alimentos con ingredientes alergénicos que no debían estar presentes, no proporcionó información sobre alérgenos y no realizó controles adecuados para evitar la contaminación cruzada.
Si bien el caso estremeció a los involucrados, el juez tuvo en cuenta que el dueño del local no tenía antecedentes y llevaba 22 años trabajando en el sector gastronómico sin problemas. Esto, sumado a que se mostró arrepentido de la situación, generó que recibiera una multa de 18.000 libras esterlinas y una orden de realizar 100 horas de servicio comunitario.
Más allá del castigo del hombre, los padres de Mía, Adrian St Hilaire y Chanel Spence, manifestaron que las medidas actuales no son suficientes para acompañar a las personas alérgicas e indicaron que es necesario realizar “cambios significativos”.
Con este panorama, exigieron que los establecimientos empiecen a reflejar cómo manipulan los alérgenos para que los consumidores elijan con anticipación si deciden o no comer.
