Boxear para vivir: Noah Klieger, el eterno valor de un segundo
En la cuarta entrega de “Boxear para vivir”, la serie especial de Carlos Saboldelli para Vía Paraná, conocemos la conmovedora historia de Noah Klieger, un sobreviviente del Holocausto que encontró en el boxeo una inesperada oportunidad para seguir con vida. Sin saber pelear, levantó la mano en Auschwitz y desafió a la muerte. Un relato sobre la dignidad humana, la solidaridad y el valor de un segundo capaz de cambiar un destino.

Hablamos del Holocausto y hablamos de las supervivencias. De como la humanidad de las personas debió tomar cauces increíbles con el natural afán de sobreponerse a las adversidades mas crueles de todos los tiempos.
No se trata de una disquisición semántica la distinción entre la sobrevivencia y la supervivencia. Es verdad que las academias inducen soluciones ilustradas pero quizás la respuesta buscada excede aquellos conceptos. Lo dicho, no es una disquisición asi que resulta claro: entender la supervivencia como una acción desesperadamente heroica para mantener la vida.
Algo así tiene que ver con lo que hemos venido planteando hasta aquí: resistir, mantenerse vivos, hacer de la vida una meta honorable. Aunque para ello haya que usar hasta los puños. Y aún en los momentos e instancias de mayor desesperanza.
Un héroe de un deporte ajeno

Noah Klieger falleció en 2018. Y ha contado su historia muchas veces, algunas con la pulcritud del detalle, otras con la evasividad de la cautela. También debe haber ocurrido la retracción del dolor, del recuerdo invasivo…pero eso no lo sabemos.

Lo cierto es que al hablar de Noah las referencias inmediatas nos llevan al baloncesto, al basquetbol. Sus antecedentes, su historia y hasta sus orígenes se vinculan con ese deporte. Cualquier mención relacionada con el desarrollo de sus actividades devuelven menciones exclusivamente sobre el básquet.
Periodista especializado, asiduo asistente a grandes eventos del deporte y presidente del Maccabi Tel Aviv, la mayoría de toda su vida la dedicó al seguimiento de los partidos, la conducción institucional y la divulgación critica.

Icono de la FIBA (Federación Internacional de Básquet Asociado), asistente a mundiales, Juegos Olímpicos, Juegos Europeos. Miembro del Consejo de Prensa de la FIBA y presidente de este por más de 25 años...y podría seguir una interminable descripción de vínculos deportivos basquetbolísticos. El básquet, deporte colectivo, siempre.
El mundo que nadie quiere
Sin dudas que el título se refiere al Holocausto y sus bemoles. Años malditos por la historia y la decencia, aún hoy logran sorprender por su crueldad profunda. Y Noah justamente ha sido uno de aquellos protagonistas que ha supervivido, con la enorme carga de transmitir a todas las generaciones la constancia del dolor.

Tenía unos pocos años adolescentes cuando, en Bélgica, es descubierta su actividad clandestina a favor de los judíos que intentaban escapar. Y como consecuencia de ello tanto su familia como el comienzan un periplo de dolor y muerte por varios de los campos de concentración del nazismo.
La mayor de las bajezas a las que puede someterse una persona siempre será un limite trascendido cuando hablamos del nazismo.
No nos detendremos en ello, demasiado es saber que desde el campo de concentración de Mechelen fue trasladado al campo de exterminio de Auschwitz, con el previsible destino de la muerte. Inminente, cercana, más que posible seria inevitable.
El valor de un segundo
Un estado de salud delicado, un físico endeble por las circunstancias y el número 172345 tatuado en el brazo eran la exigua presentación de Noha. Su destino inevitable tuvo sin embargo el giro de las posibilidades impensadas en un instante clave. Sucede que, en un instante de macabra diversión, uno de los oficiales alemanes lanza una pregunta: “¿Quién sabe boxear?”, convocando de esa forma a quienes (en base a un conocimiento técnico) tuviesen la chance de ganarse una porción de sopa; y a cambio de ello combatir con los soldados para entretenimiento de la oficialidad.
Ese segundo fue el definitivo. El instante clave que separa la vida de la muerte, el hoy del mañana, este recuerdo del olvido. Porque en ese preciso instante Noah levantó la mano y por esas venturas, fue seleccionado para boxear.
Carecia absolutamente de cualquier básica noción elemental, tan solo básica de los rudimentos del deporte. Sin embargo se levantó, imitó la postura de guardia y esperó los designios.
Podrían haberlo delatado. O golpeado intensamente hasta eliminarlo y obtener mas sopa. O estirar la agonía. O muchas otras probabilidades que siempre serian oscuras. Pero sin embargo siempre existe una grieta en donde la luz se permite filtrarse.
Porque entre todos aquellos hombres destruidos, golpeados, mal comidos y en la desesperanza absoluta le tendieron una mano. Compadecidos de el, de su arrojo y de la incesante persistencia por supervivir nadie dijo nada. Callaron. Y no solo eso, sino que en muchas instancias le permitían golpes que parecían bien facturados. Es solidaridad. Es vida. Empatía, piedad, misericordia, caridad. Tal sea una épica forma de amor.
Por supuesto no hay registros, pero algunas notas y entrevistas dan cuenta de una veintena de combates desiguales y perdidosos. Aun asi, Noah Klieger logró sobrevivir.
Un epilogo
Terminada la guerra y habiendo estudiado periodismo, realizo la cobertura de los juicios a la jerarquía nazi. Y luego de lleno al baloncesto, logrando participaciones memorables hasta transformarse en un icono ineludible de ese deporte.
Pero siempre tuvo oportunidad de narrar y narrar su historia, con todos sus bemoles. Como si fueran rounds de boxeo y uno tras otro, apenas con un descanso entretiempo, dejaba la huella de su historia. Los detalles, los amigos, la sopa, las largas marchas. La campana final se hizo presente el 13 de diciembre de 2018 cuando tenia 92 años, en Tel Aviv. Había participado apenas unos meses antes en una muestra destinada a exponer sobre Auschwitz, con su testimonio a cuestas.
Como los grandes campeones, ganar no es solamente el campeonato.
* Especial para Vía Paraná por el escritor e historiador Carlos Saboldelli.