Las unidades navales zarparon para hacer ejercicios en el sur, pero a determinada altura se abrieron los sobres secretos y la historia cambió.


“Esos primeros días de marzo del 82 yo noté que había una actividad que no era normal en Puerto Belgrano, para esa altura del año”, dijo José Luciano Acuña, comandante del Buque A.R.A “Cabo San Antonio”. En aquellos momentos el despliegue de tropas en el corazón de la Armada Argentina, llamó la atención de muchos, pero se creía que se iba a cumplir con las actividades militares de rutina, entrenamientos varios a los que están acostumbrados los marinos.

José Luciano Acuña, comandante del Buque A.R.A “Cabo San Antonio”

Al poco tiempo de zarpar, las unidades de la Flota de Mar, buques auxiliares, unidades de la fuerza de submarinos con sus dotaciones y personal en comisión a bordo, navegaban rumbo sur, pero a cierta altura de la situación, se ordenó abrir los sobres que el Almirante le había entregado a cada comandante antes de zarpar.

Buque A.R.A “Cabo San Antonio”

Esos sobres llevaban la clasificación de “SECRETO” y solo se podían abrir cuando se les diera la orden. “Yo, no tenía conocimiento y ninguno de los comandantes con los que yo hablé tenía conocimiento. Nadie tenía conocimiento“, recalcó Acuña, pero agregó que “uno de los méritos que tenía la “Operación Rosario”, casualmente, es que pudimos guardar tanto secreto, que el enemigo no se enteró“.

Destructor A.R.A “Piedrabuena”

A bordo del Destructor A.R.A “Piedrabuena”, que navegaba en el convoy, desplegado como buque de escolta y defensa, iban cerca de 200 hombres, que al enterarse de que iban a Malvinas, se quedaron sorprendidos. “Cuando se nos informa que íbamos a la toma de Malvinas nos habíamos quedado, la mayoría de los jóvenes, muy sorprendidos, realmente quedamos muy anonadados. Sorprendidos por la noticia”, contó Daniel Arias, en aquel entonces era cabo de artillería, 19 años de edad. “Que aquellos digan que todo el mundo lo sabía, es muy dificil que haya sido así. Creo que nadie sabía de esta operación, excepto personas muy cercanas a las operaciones, pero no todos”

Juan Chumba (izquierda) Daniel Arias (Derecha)

Daniel Arias (Arriba izquierda) junto a compañeros del “Piedrabuena”

Las tropas embarcadas soportaron 3 días de temporal, “pesto”, como se dice en la jerga naval. “El día 29, 30 y el 31, soportamos un temporal que, yo no lo había soportado nunca a pesar de que había navegado en esa zona. En ese momento me di cuenta que tenía una dotación muy, pero muy marinera“, resaltó Acuña.

Otro testimonio de a bordo del “San Antonio” fue el de Ernesto López que iba como dotación de los Vehículos Anfibios a Oruga “Yo y compañeros míos hacía 4 noches que no dormíamos, porque navegando con el pesto que había en el mar y todo, no teníamos sueño, estabamos descompuestos”, dijo.

Ernesto López, dotación de los Vehículos Anfibios a Oruga VAO R1

Vehículos Anfibios a Oruga VAO LVTP7

En otros buques que navegaban junto al “Cabo San Antonio”, no se vivía una situación diferente. Hasta el Buque Insignia de la Armada el Destructor A.R.A “Santísima Trinidad” se movió por la bravura del mar. Los fuertes vientos predominantes retrasaron la marcha del convoy y algunos elementos cayeron al mar.

Destructor A.R.A “Santísima Trinidad” – Buque Insignia de la Armada en 1982

“El 29 fue un día muy crítico, hubo un gran temporal. Los que sabían de mar, los que navegaban mucho decían que la verdad, no habían tenido un temporal tan grande. Realmente fue muy fuerte”, dijo Ramón López, Suboficial de Infantería de Marina Comando Anfibio, que iba a bordo del buque Insignia. “En esos buques modernos, realmente yo, no sentí, no tuve ningún problema. Vi a mis compañeros con ‘mal de mar’, pero lo soportamos bastante bien”.

Ramón López Comando Anfibio, navegaba a bordo del Destructor A.R.A “Santísima Trinidad”

También, Ramón recordó que tuvieron algunos problemas porque, por el temporal, se perdieron tachos de combustible para los motores de los botes neumáticos que llevaban y que luego usaron para el desembarco. “Dentro de todo, el espíritu muy alto. Éramos unos cuantos comandos, todos juntos nosotros nos potenciábamos, porque realmente la disciplina del Comando es muy estricta, asique no se notó nada extraño”, relató Ramón.

Comandos Anfibios a bordo del Destructor A.R.A “Santísima Trinidad”

Tres días de mover del mar por el temporal o por el ‘mar de fondo’, como dicen los marinos. Tres días que le demostraron que nada iba a ser fácil, pero ese proceso, los iba a forjar para lo que venía. Luego, los Comandos a bordo del buque insignia, recibieron el combustible que llegaba aerotransportado por un helicóptero.

Luego de ese momento, fueron pasaron el temporal, las fuerzas navales pusieron rumbo y proa hacia Malvinas y la Fuerza de Tarea 40 iniciaba la aproximación para la toma. Finalmente el 1 de abril, a las 11:00 horas, llagan cercanos a la costa y se preparaban para el desembarco.

En el “Santísima Trinidad” se vivió un momento muy emotivo. Gritos de avivamiento, emoción y adrenalina inundaron a esos marinos. “Realmente fue una algarabía total. Yo vi rostros de emoción, mucha adrenalina, todos nos emocionamos mucho, porque íbamos a recuperar a la “hermanita perdida”“, relató Ramón López. “Es medio contradictorio decir ‘me alegré’, porque iba a ir a una guerra, pero es mas o menos como decir ‘estudié tantos años de médico, me recibí, llegó el momento de operar y operé, para mí era cerrar el círculo, poder estar en una operación real como comando Anfibio”. indicó.

Rompehielos ARA «Almirante Irízar»

Luego de la “Operación Rosario”, el Irizar volvió a Buenos Aires y fue pintado de Blanco para servir como Buque Hospital

Otro testimonio revelado a Via Malvinas es por parte de un marino, dotación del Rompehielos A.R.A “Almirante Irizar”, Herminio Rosolli, quien en ese momento era cabo del escalafón Servicios. Él estaba a bordo y veía a toda la dotación. “El estado de ánimo era muy alto. Han estado muy eufóricos los muchachos, con ganas, pero no se sabía que se iban a encontrar. Decían ‘es nuestra oportunidad que a los ingleses le vamos a demostrar lo que somos los argentinos’. Los muchachos que eran los que realmente iban a tomar las Malvinas, estaban preparados, estaban alistados y con muchas ganas“, relató Rosolli.

Asistió a soldados argentinos y repatrió a otros desde el puerto de Ushuaia luego de la guerra

Herminio Rosolli (derecha) junto a Fernando Bernardo (izquierda), luego de 37 años. Herminio era dotación y Fernando fue repatriado luego de ser prisionero de guerra

Como dijo un piloto de Fuerza Aérea, el Comodoro Carballo Pablo, ‘fuimos a pelear con el uniforme de San Martín y con la bandera de Belgrano‘ . Fueron a Malvinas con un sueño Sanmartiniano. Como el cruce de los Andes, lograr que lo imposible sea posible. Ir a pelear por un sueño emancipador y cumplir con el juramento de defender la Patria, incluso hasta perder la vida.

Comodoro Pablo Marcos Rafael Carballo – Cruz al Heróico Valor en Combate
Jefe de Escuadrilla y oficial de Operaciones en el Grupo 5 de Caza – aviones Douglas A-4B Skyhawk – V Brigada Aérea




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