La misma se llevará a cabo el sábado 24 de agosto, a las 11.30, en el Museo Malvinas e Islas del Atlántico Sur


El ARA Bahía Paraíso es un buque de transporte polar y rompehielos de la Armada Argentina. Se construyó en Dock Sud, provincia de Buenos Aires, en 1980 y participó activamente durante la Guerra de Malvinas, especialmente en la búsqueda y rescate de los náufragos del Crucero General Belgrano, como también de la Operación Georgias.

En esta charla, Fernando Santos, excombatiente de Malvinas y socio de la Asociación de Amigos del Museo Malvinas e Islas del Atlántico Sur, narrará y relatará la historia de este buque argentino.

El encuentro será el sábado 24 de agosto a las 11:30h. Y la entrada es libre y gratuita.

E l transporte polar “Bahía Paraíso” durante la guerra de Malvinas cumplió dos funciones esenciales: una como buque hospital y otra de apoyo logístico, regresando de las operaciones a su apostadero habitual en la ciudad de Buenos Aires el 27 de junio de 1982.

El veterano de guerra y actual capitán de navío contador Fernando Santos, oriundo de Santa María, Catamarca, era guardiamarina por ese entonces y formaba parte del departamento de Abastecimiento en donde, entre otras ocupaciones, tenía a cargo la provisión de víveres, limpieza y materiales.

Fernando Santos, hoy Capitán de Navío (R) de la Armada Argentina

Después de sus primeras intervenciones, el “Bahía Paraíso” quedó configurado como buque hospital. “Fue el primero en constituirse como tal. Se lo adaptó y simultáneamente se conformó el Departamento de Sanidad en Combate. Tuvimos que aprender cómo recibir a los heridos y ofrecimos toda nuestra voluntad y capacidad”, recuerda Santos.

En total el equipo de sanidad en combate estuvo integrado por 28 médicos y 58 suboficiales entre instrumentadores y enfermeros, completando la nueva función con instrucción a la tripulación para optimizar la asistencia.

Al buque se le pintaron 6 cruces rojas, se desalojaron camarotes para convertirlos en salas de recuperación de traumatología, se constituyó una nueva sala de quirófano y en la enfermería se organizó la sala de terapia intensiva.

Al buque como hospital se le agregaron 6 cruces rojas, se desalojaron camarotes para convertirlos en salas de recuperación de traumatología

El “Bahía Paraíso” volvió al mar siendo buque hospital. A los pocos días, el 2 de mayo, recibió la noticia del hundimiento del crucero ARA “General Belgrano” y fue solicitado en “un acto de auxilio para extender los brazos a todos sus hermanos”, reflexionó Santos.

El transporte polar llegó el 4 de mayo a la zona del hundimiento y con el apoyo de los aviones de exploración que sobrevolaban el área del naufragio ubicaron la posición de las balsas. “Para nosotros, encontrar la primera balsa con gente fue una alegría. Y más cuando los empezamos a subir, porque queríamos saber dónde estaba el resto de los náufragos”, enfatizó el marino.

Finalmente, este buque rescató del mar a 71 camaradas con vida del “Belgrano” y 17 cuerpos, regresando al continente el 12 de mayo.

El transporte polar regresó al núcleo del conflicto el 29 de mayo. Rumbo a la Isla de los Estados, “la navegación fue colmada de incertidumbre por la presencia del adversario en la zona y el clima en la dotación era particular, los rostros reflejaban preocupación pero también existía el convencimiento de estar preparados para enfrentar cualquier situación emergente”, destacó Santos.

Regresó a Malvinas el 10 de junio trasladando materiales, una ambulancia y tambores con aeronafta. El 14, día del cese de fuego, el “Bahía Paraíso” estaba en Punta Quilla y de ahí se trasladó a Puerto Argentino para cumplir la misión de “recuperar y producir altas”; se embarcaron 2100 hombres del Ejército Argentino para ser replegados al continente.

ARA Bahía Paraíso, rompehielos de la Armada Argentina

El “Bahía Paraíso” trasladó al 70% de los infantes del heroico Batallón de Infantería N°5 (BIM5) de regresó al continente desembarcándolos en la Base Naval Puerto Belgrano en un viaje que “fue muy sentido por la tripulación al compartir con todos ellos, escuchar sus anécdotas, las emociones y al estrecharnos en abrazos. Todo era reciente, las palabras sentidas, los interrogantes y lecciones aprendidas”, destacó el marino.





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