Por qué el cielo está tan gris en Argentina y hasta cuándo seguirá la falta de sol
Las semanas con pocas horas de sol podrían repetirse mientras aumenta la influencia de El Niño. Las previsiones señalan cuándo empezaría a debilitarse.


El fenómeno de El Niño ya se encuentra activo en Argentina y podría marcar buena parte del clima de los próximos meses. De acuerdo con las proyecciones del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), varias regiones del país tendrán mayores probabilidades de registrar lluvias por encima de los valores habituales, mientras que otras podrían atravesar el escenario contrario.

El color gris del cielo se debe a la interacción entre la luz solar y una capa densa de nubes que cubre la atmósfera sobre la región.
La influencia del fenómeno podría estar detrás de las jornadas de lluvias, humedad y cielos cubiertos que se registraron durante julio y las primeras semanas de agosto en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA). Y la tendencia indica que estas condiciones podrían continuar durante la primavera y comenzar a perder intensidad recién hacia el verano.

Las previsiones cobran especial relevancia ante la posibilidad de que se desarrolle un episodio particularmente intenso de El Niño, conocido popularmente como "Súper El Niño". Desde abril, la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) viene siguiendo la evolución del fenómeno y su posible fortalecimiento.
El impacto de El Niño no será igual en todo el territorio argentino. Para el trimestre comprendido por agosto, septiembre y octubre, las proyecciones muestran mayores precipitaciones en diferentes puntos del país.
En estas regiones podrían acumularse al menos 50 milímetros de lluvia por encima de los registros considerados normales para el período.

Uno de los puntos donde la influencia de El Niño podría hacerse más evidente es el AMBA. Para esta región se proyecta una mayor frecuencia de jornadas con precipitaciones y cielos cubiertos durante los próximos meses.
Las condiciones comenzarían a intensificarse con la llegada de la primavera y octubre aparece como uno de los meses clave. Según las previsiones meteorológicas, para ese momento la probabilidad de una fuerte influencia de El Niño podría alcanzar el 80%.

El dato resulta significativo porque octubre ya es, incluso en condiciones climáticas normales, uno de los períodos más lluviosos del año en Buenos Aires.
De acuerdo con el Atlas Climático del SMN, durante octubre el promedio histórico de precipitaciones ronda los 120 milímetros. Sin embargo, existen antecedentes mucho más elevados: en 1967 se registraron acumulados mensuales de hasta 367 milímetros, mientras que en 2014 hubo máximos diarios cercanos a los 140 milímetros.
La combinación de distintos factores convierte a octubre en uno de los meses a seguir con mayor atención. A la posible intensidad de El Niño se suma el comportamiento habitual de las lluvias durante la primavera y la influencia de un contexto global marcado por temperaturas más elevadas.
Esto podría aumentar las condiciones favorables para episodios de precipitaciones intensas. Sin embargo, todavía no es posible determinar con anticipación si efectivamente se producirán eventos meteorológicos extremos ni en qué lugares específicos podrían ocurrir.
Por eso, las proyecciones estacionales deben interpretarse como tendencias generales: una mayor probabilidad de lluvias superiores a lo normal no significa que vaya a llover todos los días ni permite anticipar tormentas concretas con varios meses de anticipación.
El fenómeno continuará influyendo sobre las condiciones climáticas durante los próximos meses, aunque su intensidad no sería constante.

Las previsiones indican que El Niño podría alcanzar uno de sus momentos de mayor influencia durante la primavera. Posteriormente comenzaría a debilitarse a medida que avance el verano.
Para febrero, las probabilidades de atravesar la fase más intensa serían considerablemente menores. Esto no necesariamente significa el final inmediato de El Niño, sino que su incidencia podría ser menos marcada que durante los meses anteriores.
De esta manera, Argentina se encamina hacia una primavera en la que las lluvias podrían convertirse en protagonistas en buena parte del país, aunque con diferencias importantes según cada región.