Compitió en los años 40, tiene 99 años y regresó al río del Mundial de Canotaje con sus medallas de juventud
La historia de vida de este histórico remero de Gualeguaychú atraviesa casi un siglo de recuerdos, regatas y pasión por el río. Hoy, el Mundial lo encontró de nuevo frente a esas aguas que marcaron su juventud.

Hay vidas que quedan unidas a un paisaje mucho después de que cambian las épocas y las costumbres. El Mundial de Canotaje 2026 también invita a mirar esas historias que siguen latiendo detrás del deporte. La de Federico reúne casi un siglo de recuerdos, trabajo y pasión por el río, en una ciudad que cambió sin borrar las huellas de quienes crecieron junto a sus aguas y sus vecinos.

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Para entender ese lazo no alcanza con mirar una competencia: también hay que volver a la infancia, los oficios y los encuentros que marcaron una vida. En sus recuerdos aparecen las jornadas compartidas, el barrio, los compañeros y el agua como escenario cotidiano. Son escenas que explican por qué regresar a ese mundo no fue una visita más, sino reencontrarse con su propia historia.

Ocho décadas después, las medallas volvieron a acompañarlo
A los 99 años, Federico Salva volvió a la Costanera de Gualeguaychú durante el Mundial de Canotaje Maratón 2026. El remero llegó como espectador, pero llevó dos medallas de su juventud obtenidas en 1946 y 1947, cuando las regatas eran parte de las fiestas locales y reunían a deportistas y vecinos. “Era otra cosa”, recordó al comparar aquellas jornadas con el evento internacional de hoy.
Sixto Bonifacio Salva nació el 19 de junio de 1927 en la zona donde hoy está Ñandubaysal y llegó a la ciudad con tres o cuatro años. Desde entonces, su vida quedó ligada a Pueblo Nuevo. “Los 99 años que tengo los viví en dos cuadras”, contó, en una frase que resume su pertenencia al barrio. El río también estuvo cerca desde chico, entre canoas, barcos de madera y salidas de pesca familiares.

A los 14 años empezó a trabajar en el Frigorífico Gualeguaychú y permaneció allí durante 44 años, hasta jubilarse en enero de 1986. Aprendió su oficio, compartió la rutina con sus compañeros y encontró lugar para el deporte. Compitió en regatas como representante de Acción Social de la empresa y ganó una medalla; la otra que llevó al Mundial corresponde a un torneo de tiro al cesto.
Las mostró durante la entrevista e intentó ubicar cuándo las había ganado. Una podría ser de 1947 y la otra, de los primeros años de esa década, aunque el tiempo volvió borrosas algunas fechas. En junio, cuando cumplió 99, el Gobierno de Gualeguaychú ya había recuperado su historia en una entrevista en su casa, donde habló de la infancia, el frigorífico, la familia y su relación con el río.

Una historia que sigue viva entre los recuerdos y el presente
La publicación se tituló “Federico Salva, casi un siglo de vida y memoria en Gualeguaychú” y contó que, aunque su nombre registrado es Sixto Bonifacio, Federico lo acompañó siempre. Cuatro meses después, el Mundial lo encontró frente al agua con palistas de distintos países. “Los tiempos cambian”, dijo; aunque ya no distingue todos los detalles, valoró el público y el movimiento de la ciudad.

Hoy vive con su nieto, a cargo de sus cuidados, y llegó a la Costanera gracias a Graciela a quien agradeció durante la charla. El próximo 19 de junio de 2027 cumplirá 100 años y dice atravesar esta etapa sin dolores: “Estoy viviendo bien, gracias a Dios”. En el río que conoció de joven, Federico Salva volvió a unir el Mundial de Canotaje con la historia deportiva local de su ciudad.