Desde que decidió convertirse en padre, José María Muscari asegura que su vida cambió por completo. El director teatral adoptó a Lucio cuando el joven tenía 16 años y, desde entonces, construyó un vínculo basado en el diálogo, la confianza y el respeto. Sin embargo, reconoció que la paternidad también lo llevó a replantearse muchas de las ideas que tenía sobre sí mismo.

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En una entrevista con Pampita para Infobae, Muscari habló de la relación que mantiene con su hijo, confesó qué fue lo que más lo sorprendió de esta nueva etapa y reveló cuál es el desafío más grande que enfrenta como padre.
Con la sinceridad que lo caracteriza, el productor contó que imaginaba una forma de criar muy distinta a la que terminó adoptando.
"Pensé que iba a ser un padre muy canchero y amigo, pero no soy así", reconoció.
Según explicó, con el tiempo comprendió que educar también implica poner límites, aunque sea una de las partes más difíciles de ejercer.
"Creo que lo más difícil y lo menos feliz es el límite, pero también siento que el límite es amor", reflexionó.
La decisión que tomó con Lucio desde el primer día
Uno de los pilares del vínculo entre ambos es la comunicación. Muscari explicó que intenta generar un espacio donde no existan temas prohibidos y donde su hijo pueda hablar con libertad sobre cualquier aspecto de su vida.
"Con mi hijo de 18 años trato de no tener temas tabú. Trato de hablar de alcohol, de droga, de sexo y de un montón de cosas que circulan alrededor", contó.
Aun así, aclaró que su intención no es decidir por él, sino compartirle herramientas para que pueda construir su propio camino.

"Está bueno que sepa qué pienso yo y cómo me paro frente a esas cuestiones. Después él sacará sus propias conclusiones, porque va a tener una vida diametralmente opuesta a la mía y está bueno que la sepa construir", afirmó.
La diferencia con la crianza que recibió
Durante la entrevista, el director también recordó cómo fue su propia infancia y explicó por qué eligió un modelo diferente para criar a Lucio.
"Yo tuve padres muy presentes y amorosos, pero con cero diálogo", recordó.
Esa experiencia hizo que hoy priorice la conversación cotidiana y la confianza mutua por encima de cualquier otro aspecto.
Aunque mantiene una relación muy cercana con su hijo, aclaró que no busca ocupar el lugar de un amigo.
"No me gusta ser amigo de mi hijo, me gusta ser re compinche", sostuvo.
Según contó, ese clima de confianza hizo que Lucio pueda hablar con naturalidad sobre su vida afectiva.
"Eso habilitó a que me cuente si conoce a una chica y tiene una cita. Quedó algo que está bueno para el vínculo con un hijo de 18 años", explicó.
El mayor desafío que enfrenta como padre
Uno de los momentos más profundos de la charla llegó cuando Muscari habló sobre la diferencia entre su historia personal y la de su hijo.
"Creo que lo más desafiante, siendo una persona gay y deconstruido, es cómo criar a un hijo heterosexual", confesó.
Con humor, explicó que convivir con Lucio también le permitió acercarse a una realidad muy distinta de la suya.
"Su mirada es muy heterosexual, y hace mucho que no tengo una mirada tan heterosexual cerca", comentó entre risas.

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Aun así, aseguró que ambos aprenden del otro todos los días.
"Ahora él está mucho más deconstruido porque vive conmigo y no le queda otra opción", bromeó.
La reflexión sobre el tipo de hombre que quiere ayudar a formar
Para Muscari, uno de los mayores objetivos de la crianza es acompañar a Lucio en la construcción de vínculos sanos y respetuosos.
"Pienso cómo ayudarlo a establecer una mirada lógica y sensata en relación a cómo es vincularse con una mujer", expresó.
Y concluyó con una reflexión que resume la forma en la que entiende la paternidad:
"Cómo poder ser él sin faltarle el respeto a nadie, sin sobrepasarse en nada, pero a la vez siendo sincero con lo que siente".
A casi dos años de haber iniciado esta etapa, José María Muscari asegura que la paternidad no solo transformó la vida de Lucio, sino también la suya. Lejos de la imagen del "padre amigo" que alguna vez imaginó, hoy elige construir un vínculo basado en el diálogo, los límites y el acompañamiento cotidiano.
