La noche del 7 de septiembre de 2009 quedó grabada en la memoria de los misioneros. Cerca de las 20:30, un violento tornado atravesó zonas rurales de Santa Rosa y Tobuna y provocó una de las mayores tragedias climáticas registradas en la provincia.
El fenómeno, posteriormente considerado de categoría EF4, estuvo acompañado por ráfagas que habrían superado los 300 kilómetros por hora, además de intensas lluvias y granizo. En cuestión de minutos, viviendas, galpones, establecimientos rurales y árboles quedaron reducidos a escombros.
La magnitud del tornado tomó por sorpresa a las familias de la zona, que en aquel momento no contaban con un sistema especializado de alerta meteorológica que permitiera anticipar un fenómeno de semejante intensidad.
Once personas murieron y decenas resultaron heridas
El saldo de la tragedia fue de 11 víctimas fatales, entre ellas varios niños y adultos mayores. Además, más de 50 personas sufrieron heridas de distinta consideración.
El tornado también provocó la destrucción de numerosas viviendas y dejó a cientos de familias sin sus pertenencias y herramientas de trabajo. Escuelas, tendidos eléctricos, caminos y otras instalaciones de la zona sufrieron importantes daños.
La respuesta ante la emergencia involucró a fuerzas de seguridad, equipos de rescate y organismos provinciales y nacionales. La entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner también llegó a la zona afectada para supervisar los operativos de asistencia.
Una tragedia que cambió la prevención meteorológica
El desastre dejó profundas consecuencias en la comunidad, pero también impulsó cambios en la forma de monitorear los fenómenos meteorológicos en Misiones.
A partir de aquella experiencia se fortalecieron las herramientas de seguimiento y prevención y se creó la Dirección de Alerta Temprana, destinada a monitorear las condiciones atmosféricas y emitir advertencias ante eventos meteorológicos severos.
También se avanzó en la reconstrucción de viviendas y edificios públicos con estructuras más resistentes, mientras que cada 7 de septiembre la comunidad mantiene vivo el recuerdo de las víctimas.
A 17 años de aquella noche, el tornado de San Pedro continúa siendo una referencia ineludible cuando se habla de fenómenos meteorológicos extremos en Misiones. La tragedia dejó una huella profunda entre los sobrevivientes y sus familias, pero también marcó un antes y un después en la prevención y el monitoreo del clima en la provincia.