Descubrimiento Malvinas: una historia llena de hipótesis, teorías conspirativas y mitos

por Leonardo González

Su descubrimiento es motivo de controversia, muchos navegantes y exploradores se disputan el título, pero ... ¿Quién fue realmente el primero?.

Las islas Malvinas son un archipiélago ubicado en el océano Atlántico Sur a 480 km de las costas continentales de América del Sur en Mar Argentino. Permanecieron deshabitadas hasta la llegada de europeos en el siglo XVIII. Su descubrimiento es motivo de controversia, muchos navegantes y exploradores se disputan el título, pero … ¿Quién fue realmente el primero?.

El origen: los Yámanas.

La documentada presencia del zorro-lobo de Malvinas (también llamado guará) hizo pensar que las islas fueron visitadas por canoeros yámanas originarios del los canales de la Tierra del Fuego. Se creyó que el guará sería el doméstico “perro de los yámanas” vuelto al estado salvaje y, por evolución en aislamiento, convertido en una especie típica. A partir de esa teoría, los primeros seres humanos que arribaron a las Malvinas habrían sido nativos de territorios que luego integrarían la Argentina y Chile. El hallazgo de puntas de flechas en Lafonia y restos de una canoa,​ refuerzan esa teoría con evidencias arqueológicas. Se hallaron también algunas evidencias ambiguas de la presencia de madera, pese a que las islas no tenían árboles a la llegada de los europeos, pero pudieron haber sido transportadas por las corrientes marinas desde la Patagonia.

Guará, mascota Yámana.

Otros explican la presencia del guará en las Malvinas suponiendo que llegó atravesando un puente de hielo cuando el nivel del mar estuvo más bajo durante la era de hielo.

En 2009 un estudio de ADN realizado por un equipo científico dirigido por Graham J. Slater, de la Universidad de California en Los Ángeles, confirmó lo que intuyeron los gauchos malvinenses: que el pariente vivo más cercano es en realidad el aguará guazú. El estudio confirmó que ambas especies se separaron hace alrededor de 6 millones de años.​ Esto quiere decir que los linajes del lobo de crín o aguará guazú y el lobo de las islas Malvinas llegaron desde América del Norte ya distanciados. Este estudio también encontró que las cuatro muestras del zorro malvinense que se examinaron compartieron un ancestro común hace unos 70.000 años, lo que sugiere que llegaron a las islas Malvinas antes del final de la última edad de hielo, es decir, elimina totalmente la hipótesis de introducción por los nativos (para esa fecha todavía los humanos no habían colonizado América del Sur).

Américo Vespucio.

Ha sido señalado como el descubridor de las islas en el viaje al servicio de Portugal iniciado en Lisboa en mayo de 1501 dirigido por Gonzalo Coelho, del cual tomó el mando a los 32° sur. En una carta a Piero Soderini, fechada en Lisboa a 4 de septiembre de 1504 y denominada carta de Amerigo Vespucci “delle isole nuovamente trovate in quatro suoi viaggi” (de las islas encontrada nuevamente en sus cuatro viajes), relató el navegante.

Groussac señala que la costa avistada pudo haber sido en realidad parte de los acantilados continentales. Las determinaciones geográficas son tan imprecisas y su descripción tan vaga que se hace imposible una estimación de su derrotero.​ Sin embargo en una carta anterior a su protector, Lorenzo de Pierfrancesco de Médici, fechada en 1502 y conocida como Mundus Novus, Vespucio mencionaba que tras haber alcanzado los 50° sur pero sin tener la costa a la vista, había decidido retornar a Portugal, contradiciendo lo que luego consignaría en la Lettera precitada, en donde afirma haber encontrado tierra a los 52° sur.

Cartográfia inmediantamente después del viaje de Vespucio.

No obstante, siendo ambas cartas traducciones cuyos originales se han perdido, y que formaban parte de una correspondencia mucho mayor, la confusión persiste todavía hoy.​ Por ejemplo Louis Antoine de Bougainville, primer colonizador del archipiélago, que había estudiado el asunto en detalle, estaba convencido de que Vespucio era el descubridor.

Expedición de Magallanes.

La abundante cartografía inmediatamente posterior a 1520 sugiere que las Malvinas fueron avistadas por miembros de la expedición de Fernando de Magallanes al servicio del rey de España.

Mapamundi de Diego Ribero (1529), en el que se incluye a las «islas de San Antón»

En el Circulus Antarcticus de Pedro Reinel (1522) las islas figuran en una posición aproximadamente correcta, aunque no se incluye la nomenclatura. En la cartografía de Diego de Ribero “la carta universal”, la que contenia todo lo que -hasta el momento- se había descubierto (1527 – 1529), pueden verse dos grupos de islas en la zona: las ocho o nueve islas llamadas «Sanson», a 49° sur pero a mitad de camino de la costa que las Malvinas y las islas «de los Patos» muy cerca de la costa. En la actualización de 1533 ya no incluye a estas últimas.

Mucho después continúan apareciendo las islas Sanson en los mapas de: Alonso de Santa Cruz (1541), Bautista Agnese (1536-1545), Sebastián Caboto (1547), Darinel (1555), Diego Gutiérrez (1562), Bartolomé Olives (1562), Jorge Sideri (1563), Martínez (1577), José Rosacio (1580), etc., situadas siempre más al norte y más cerca de la costa que las Malvinas. En estas cartas las islas aparecen con las grafías de «San Antón», «S. Antón», «Sansón», «Sanson» o «San Son».

La versión más difundida afirma que el descubridor del archipiélago fue Esteban Gómez, piloto de la nave San Antón o San Antonio, cuyo nombre dio origen al de las islas. Tras sublevarse contra Magallanes el 1 de noviembre de 1520, Gómez regresó a España por la ruta de Guinea y llegó a Sevilla el 6 de mayo de 1521. Fue sometido a un juicio en donde no se halla ninguna mención que pueda atribuirse a las Malvinas. Esteban Gómez cedió un indígena al cartógrafo Diego de Ribero en 1529, por lo que este pudo haber obtenido de aquel un relato directo sobre las islas Sanson.

Mapa del siglo XIX dibujado a partir del mapamundi de 1529 de Diego Ribero.

Otra versión afín atribuye el descubrimiento al barco Victoria, que fue enviado por Magallanes a rastrear al San Antón en aguas del Atlántico. Estos dos barcos fueron los únicos de la expedición de circunvalación que pudieron regresar a España.​ No se han encontrado menciones al avistaje en los relatos que se conservan del viaje: los diarios de Antonio Pigafetta, del piloto Francisco Albo, el Roteiro de un piloto genovés, ni la relación de Maximiliano Transilvano. Aunque buena parte de los escritos de Magallanes se han perdido, y falta por completo la documentación de la nave de Juan Serrano y sus descripciones al sur de San Julián, la ausencia de referencias en las bitácoras citadas arrojó dudas sobre la veracidad de esta hipótesis.

Sin embargo, en 1983 el historiador uruguayo Rolando Laguarda Trías encontró un documento en la Biblioteca Nacional de París, escrito por el fraile André Thevet en Le Gran Insulaire. Vol I, fechado en 1586 (seis años antes del primer antecedente británico), que incluye un mapa en la página 229 donde aparecen «Les isles de Sansón ou des Geants» («las islas de Sansón o de los Gigantes») en sorprendente concordancia geográfica con las islas Malvinas. Thevet menciona en el texto adjunto haber obtenido la posición y descripción del archipiélago de un piloto portugués miembro de la expedición de Magallanes, probablemente Álvaro de Mezquita, testigo directo del avistaje, con quien se entrevistó en Lisboa​ (en efecto, existe evidencia de que Thevet vivió en la capital lusitana entre 1563 y 1567).

Tiempo de hipotesis sin basamento.

En opinión de la mayoría de los investigadores, antecedentes como los consignados por el capitán Pedro de Vera a bordo de la nave Anunciada en 1526 y por la nave San Pedro de la expedición de Simón de Alcazaba y Sotomayor en 1535, son muy dudosos:​ La expedición de fray García Jofre de Loaísa partió desde La Coruña hacia las Molucas el 24 de julio de 1525. El capitán Pedro de Vera con la nave Anunciada desertó de la expedición a la altura del río Santa Cruz, con el propósito de navegar hacia las Molucas por el cabo de Buena Esperanza, pero no volvió a saberse nada de esta nave. Por la ruta que debió tomar, algunos historiadores han creído que pudo avistar las islas Malvinas.​ El comendador de origen portugués Simón de Alcazaba y Sotomayor partió de España con dos naves el 21 de septiembre de 1534. La nave San Pedro, al mando de Rodrigo Martínez, fue separada de la Madre de Dios por una tormenta a la altura del Río de la Plata y volvieron a encontrarse el 17 de enero de 1535 en el cabo Vírgenes, hecho que es relatado por Alonso Vehedor mencionando unas islas.​ Algunas fuentes mencionan a Binot Paulmier de Gonneville, un marino normando que inspeccionó las costas de Brasil partiendo de Francia el 24 de junio de 1503, pero no hay indicios serios de que haya explorado el Atlántico Sur.

Y como de costumbre, el Reino Unido no se podía quedar afuera.

El Reino Unido sostiene que el inglés John Davis descubrió las islas Malvinas el 14 de agosto de 1592, después de que con el barco Desire desertara de la segunda expedición corsaria de Thomas Cavendish. Sin embargo no describió las coordenadas del presunto hallazgo, solo ubicó a las islas en relación a la costa y al estrecho de Magallanes. Su posicionamiento es erróneo y conduce a océano abierto.

La relación del viaje fue publicada por uno de los tripulantes del Desire, John Jane, en 1600, año en que Sebald de Weert había ya regresado a Holanda; por esto y por ser una descripción muy parecida a la del Islario de Alonso de Santa Cruz, la opinión generalizada es que se trata de un fraude.Por algún tiempo, las islas de Davis fueron conocidas como “Davis Land” o “Davis’ Land”.

Otra hipótesis británica afirma que el corsario inglés Richard Hawkins, al mando de la Dainty, descubrió las Malvinas a principios de febrero de 1594, bautizándolas como “Hawkins Maiden Land” (Tierra de las doncellas de Hawkins), cuando el viento los llevó hacia una tierra de la que «ninguna carta hacía mención». Su relato Observaciones se publicó 22 años después de su viaje y varios estudiosos lo desestimaron rotundamente, entre los que merece citarse a los historiadores ingleses Burney y Chambers. Este último interpreta que el corsario confundió las costas de la Patagonia continental septentrional, tomándolas por las de grandes islas; en efecto, Hawkins describe erróneamente al archipiélago como “una llanura de buen aspecto” de clima templado y afirma falsamente que estaba habitado y surcado por grandes ríos. Sitúa a las islas a 60 leguas de la costa y aproximadamente a los 48° S, mucho más al norte de la ubicación real. Los mapas ingleses posteriores a este viaje y al de John Davis no registran el descubrimiento,27​ y las inexactitudes de la descripción demuestran que Hawkins no vio las Malvinas y, en consecuencia, que este antecedente es muy improbable

Mapa de la «Hawkins’ Maiden Land», hecho en 1773 por John Hawkesworth y John Byron.

El primer avistaje de las Malvinas que no tiene objeciones y que fue fehacientemente acreditado en la cartografía inmediatamente posterior, fue realizado por el capitán holandés Sebald de Weert, quien avistara las islas Sebaldes (parte del archipiélago de las Malvinas), razón por la que los mapas neerlandeses mantuvieron hasta fines del siglo XIX la denominación islas Sebald o Sebaldinas para las Malvinas. La nave de De Weert, la Gelof, formaba parte de una expedición de cinco barcos que había partido de Holanda en 1598 al mando de Jakob Mahu, que al morir fue reemplazado por Simón de Cordes.​ Una fuerte tormenta dispersó a las naves en el estrecho de Magallanes, por lo que De Weert decidió regresar a Europa. El 24 de enero de 1600 avistó tres islas sobre latitud 50° 40′ S y a 60 leguas holandesas de la costa (equivalentes a 70 leguas españolas). De Weert no intentó desembarcar pues su nave había perdido todos sus botes en la borrasca. De Weert llegó a Holanda el 14 de julio de 1600 y a partir de entonces las islas se encuentran en los mapas náuticos de ese país.

Confirmación del descubrmiento.

La expedición comandada por Jakob LeMaire confirmó la existencia de las islas el 18 de enero de 1616 al reconocerlas como las Sebaldinas. Había partido de Ámsterdam con los barcos Eendracht y Hoorn, al mando de los hermanos Willem y Jan Schouten respectivamente, con el objetivo secreto de encontrar un paso alternativo al estrecho de Magallanes.

Otro corsario inglés, William Ambrose Cowley, quien viajaba en una expedición al océano Pacífico en el Bachelor’s Delight, bajo el mando de John Cook, publicó en enero de 1684 un diario de viaje, en el que señala la presencia de: (…) una isla desconocida, deshabitada, a la que di el nombre de isla Pepys, sobre la cual crecen árboles y posee ríos de agua dulce, como también tiene un gran puerto con capacidad para miles de naves.

Le dio el nombre de isla Pepys en honor a Samuel Pepys, secretario del Almirantazgo Británico, y fijó su posición en 47° 41′ de latitud sur. El marino inglés William Dampier, compañero de viaje de Cowley, interpretó que la presunta isla era parte de las Sebaldinas: (…) reconocí las islas de Sebald de Weert. Son tres islas rocosas y estériles, sin un árbol, reduciéndose toda la vegetación a matorrales (…) Sin embargo estas islas se hallan 230 millas náuticas al sur de la latitud mencionada. En la ubicación reportada por Cowley solo hay océano, por lo que se considera a Pepys como una “isla fantasma” que fue buscada infructuosamente por varios navegantes, entre ellos John Byron, James Cook y George Anson. Este último, en medio de una frustración creciente, se quejaba en 1774 por: (…) la frivolidad con que los filibusteros daban noticias de lugares inexistentes.

El reporte de Cowley encendió el interés británico por esa región del mundo. En 1748 España logró frustrar una expedición británica para buscar la isla Pepys y reconocer las Malvinas.