En la Plaza de la Música, y ante un público enfervorizado, cantó temas de su nuevo disco y no dejó afuera a los grandes éxitos de su carrera.


Fito Páez volvió a la Plaza de la Música, en la noche del viernes, y ofreció un concierto de más de dos horas con el que unió las puntas de un mismo lazo, con canciones de La Ciudad Liberada y muchas otras de una carrera que le ha otorgado un lugar indiscutible en la música popular argentina. Entre el pasado y el futuro, el repertorio de Fito fue tocando las distintas fibras de su público y entregando visiones de un Mundo complicado y maravilloso a la vez. Las imágenes del costado más sombrío de la Humanidad y la belleza fueron la escenografía y también un respaldo narrativo en la gran pantalla del escenario de la Plaza de la Música.

Amor y dolor, esperanza y desazón fueron los ejes de su poética y así lo atestiguan los tesoros de su repertorio viejo y nuevo, que dejó sobre el escenario a lo largo de una noche de reencuentro con los muchos seguidores que fueron a verlo, a escucharlo y a cantar con él.

Bien acompañado, Fito arrancó la velada a las 21.30 con una intro de Ciudad de pobres corazones que cedió paso a los acordes de La ciudad liberada, como completando el círculo, en la historia de dos ciudades: aquella donde matan a pobres corazones y esta nueva en la que llama a luchar “contra los nazis y los fachos de mierda”. Ambas visiones distópicas, ante las que el rosarino invita a no resignarse.

El arranque se completó con Aleluya al Sol, Wo wo wo y 11 y 6, que arrancó la primera gran sacudida de los espectadores.

Tras este inicio, Fito dejó el piano y se calzó la guitarra por primera vez en la noche, para Naturaleza Sangre.

Fito Páez, en Plaza de la Música

Luego, con la máquina en marcha sonaron Tu vida, mi vida y El ataque de los gorilas.

Para encender al público, Fito fue entrecruzando en su lista los temas nuevos con dosis de sus clásicos y así fue que rápidamente calentó el clima con El amor después del amor y Polaroid de locura ordinaria. A esos dos las sucedió Navidad negra, con imágenes de las lanchas de inmigrantes que cruzan el mar Mediterráneo y distintos bombardeos sobre poblaciones.

Fito Páez, en Plaza de la Música

Seguidamente y para buscar “una canción que redima”, según la presentó, se vino Plegaria, porque la música es la luz del alma.

Rumbo al promedio del show, llegaron Se terminó, la instrumental retro-futurista 5578 y Tumbas de la gloria.

Ya en la recta final, Fito y sus secuaces entregaron La mujer torso y el hombre de la cola de ameba, Islamabad y el segmento fnal a puro clásico con Circo Beat, Brillante sobre el mic, Ciudad de Pobres Corazones y A rodar mi vida.

Los bises apelaron al corazón tribunero con Dar es dar, Mariposa Technicolor, Y dale alegría a mi corazón y Qué te pasa Buenos Aires.






Comentarios