Fue en la madrugada del lunes, cuando todos estaban buscando a la pequeña. La Policía ya tomó testimonio al taxista que lo trasladó. 

  • Publicado por Redacción de Vía Córdoba

Mientras sigue la conmoción por el asesinato de la pequeña Abril Sosa, comienzan a conocerse algunos detalles respecto de cómo ocurrieron los hechos y la forma en que finalmente su cuerpito terminó en un baldío abandonado en calle Anacreonte y Sucre de barrio Alta Córdoba.

De acuerdo con datos que provienen de fuentes vinculadas a la causa, (cabe recordar que la fiscal que hasta ayer tenía el caso, Claudia Palacios, entró en feria y ya no investiga el hecho) la pequeña habría sido asesinada entre el momento de su desaparición, el sábado, y el domingo.

El detenido, Daniel Ludueña, vive a 50 metros de la casa de la pequeña y la habría trasladado desde donde jugaba hasta su casa.

En ese lugar, habría abusado sexualmente de la pequeña para luego matarla, aparentemente asfixiándola.

El lunes, a las 5.57 de la madrugada, Ludueña pidió un taxi a una empresa privada, desde la pensión donde vive. 

A ese lugar concurrió un móvil cuyo chofer estaba haciendo su último viaje antes de retirarse, no sólo de su turno sino también por tomar sus vacaciones. Ahora, este trabajador deberá suspender cualquier posibilidad de irse porque su testimonio también es clave para la Policía y la Justicia.

Desde allí, Ludueña habría cargado al menos tres bolsos de gran tamaño al vehículo y pidió que lo trasladaran hasta la esquina de Anacreonte y Sucre, el lugar donde encontraron el martes por la tarde el cuerpo sin vida de Abril.

Desde la pensión hasta allí no hay más de 10 minutos de viaje. 

La Policía cuenta con filmaciones y también tiene en su poder el registro de las llamadas de la empresa de taxi con el pedido.

Y además, testimonios de los vecinos que lo vieron salir a esa hora con los bolsos en el taxi.

Es decir que, cuando la búsqueda ya se había hecho masiva y la preocupación creciente en la sociedad cordobesa, el presunto autor del hecho, Ludueña, ya había dado muerte a la pequeña y la tenía escondida en su pensión.  




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