Las liberadoras cartas de Ángel



Una tallerista, que utilizó ese seudónimo para firmar las cartas, cuenta su historia. 

Por Laura Giubergia.

DESDE AFUERA.

Ángel es el seudónimo con el que firma sus cartas. Ángel fue una de las talleristas que hoy acompaña la publicación del libro desde afuera, ya en libertad.

“Cuando surgió la idea del libro, empezamos a pensar que esas cartas podían servir para que la gente sepa lo que sentimos las presas: la necesidad de justicia, de ser escuchadas, de sacar cosas que teníamos calladas aunque no siempre hubiera un destinatario”, resume.

El taller sirvió para unirnos (entre reclusas), porque había sentimientos compartidos de amor, relacionados con los hijos, con la lucha de cada una, fue liberador y terapéutico, aunque esa no era la propuesta”, valora la mujer, que pudo poner en palabras su sentir desde el encierro.

Según cuenta, el taller era uno de los pocos momentos en los que no se sentían un número: eran mujeres, con sentimientos, con cosas para decir, en un espacio para canalizar eso. Ángel continúa, desde afuera, el cursado de Ciencias de la Educación.

“En la cárcel estudiaba también Historia, pero ahora la tengo medio abandonada”, cuenta.

Mientras, trabaja. “En negro, porque el tema de los antecedentescomplica bastante la reinserción laboral”, aclara. Y espera ansiosa la presentación del libro: “Fui una de las pocas que participó de los dos años del taller, y en el libro hay varias cartas mías. Así que siento que lo parí”.

Ángel describe que, en sus primeros años, había muchas trabas para estudiar una carrera universitaria desde la cárcel. “Al principio era la única mujer haciendo una carrera, y tenía que conseguir una autorización especial para que me trasladen a San Martín, con una custodia. Después fuimos más, y mejoró un poco, pero teníamos que ir a la cárcel de hombres”, narra. Par ella, las mujeres tienen menos posibilidades de formarse desde la cárcel: “Estamos relegadas, también, en la prisión”.