Los cimientos de la vida está en las pequeñas cosas. En la forma de actuar y en el proceder diario. En la sencillez. Y en los valores que da la familia. Todo eso lo ha sabido asimilar, con puro sacrificio, Damián Solferino. O “Golferino”. Sí, aquel delantero que pasó por Talleres en uno de los peores momentos de la historia del club y que puso la cara junto a varios compañeros que se hicieron cargo de semejante “lastre” en el Federal A. Después de bastante andado, Damián volvió a Córdoba de la mano de Daniel Albornós, para ser el 9 de Argentino Peñarol en este Federal B que acaba de comenzar.

Y vaya que se anotó: cinco goles en cuatro partidos. “Y un penal errado en la primera fecha”, dice con gracia a Día a Día el delantero del equipo de Argüello.

Solferino anduvo por un montón de lugares, como Sunchales, San Telmo, Venado Tuerto, un salto a Europa para jugar dos temporadas en Grecia y una en Italia o volver a Argentina al Unión de Aconquija que estuvo muy cerca de ascender a la B Nacional.

“Todo cuesta en la vida. Pero lo llevo bien. Soy muy feliz jugando al fútbol, habiendo conocido mucha gente que se hizo amiga y que no es del ámbito del fútbol y las vueltas de la vida, otra vez a Córdoba”, reflexionó.

Casado con Angie, disfrutan ambos de la llegada de Mateo que hace un año y siete meses los tiene perplejos. “Le pega con la zurda, tiene fuerza”, dice Solferino con esa sonrisa de ojos achinados.

–¿Cómo llegaste a Peñarol?

–Fue por Daniel (Albornós, el DT)con el que hablé, nos conocemos de cuando el trabajaba en Talleres. Me gustó el desafío y se nota que están queriendo hacer las cosas bien. El club está muy lindo, tiene mucho apoyo de la gente. Estamos entusiasmados.

–¿Volver a Córdoba lo deseabas?

–La verdad que sí, tengo a la familia de mi señora acá, muchos amigos. Estoy contento de estar en Córdoba otra vez. La gente en la calle me trata muy bien y hasta algún hincha de Talleres se acuerda de mí.

Solferino “está igual”, físicamente está impecable, y con las mismas ganas que con las que vino a la T ocho años atrás. Hoy, a los 34 años, tiene la misma polenta y las mismas ganas.

Y eso lo convirtió en un “buscador”. Y si las cosas no salían, seguir intentando. Pero no detuvo nunca su marcha, apoyado por su familia más allá de que su papá quería que se dedicara al estudio. Después de bastante andado, hoy la vida lo trajo otra vez a la Docta, con los mismos sueños que supo traer en otro momento.

“Siempre fue el sueño de jugar, siempre costaba mucho pero uno quiso jugar en estadios llenos, saltar el charco y tener una experiencia en Europa. Y estoy contento por cómo salieron las cosas y ahora estoy disfrutando de este momento. Van cuatro fechas vamos bien. Acá hay un club que pretende hacer bien las cosas, tengo mi familia acá en Córdoba y queremos hacer un buen torneo con los chicos en la Peña”, resaltó el atacante.

Solferino y sus raíces. Aunque en la primera fecha erró un penal ante Racing, a Damián Solferino no le tembló la pera para seguir intentando. Y, al cabo de cuatro fechas en el Federal B, ya se anotó con dos dobletes y un global de cinco tantos anotados en un inicio que ya lo tiene mezclado entre los primeros anotadores del torneo. Fue el mejor en las categorías del ascenso porteño y se fue destacando sólo a fuerza de goles. Pero lo personal también siempre dice mucho. No se olvida de aquel pibe que trabajó en un taller textil o en una zinguería cortando chapas. Solferino no tiene pruritos para arremangarse aunque el fútbol le dio algo de privilegios. "Yo cuando llegué a Talleres me vieron arriba de un colectivo, no he tenido nunca dramas de subirme a un colectivo, al tren, de ir a laburar. Por suerte he logrado poder dedicarme a jugar y dedicarme sólo a ésto. Pero ojo, que si después del fútbol tengo que salir a laburar no voy a tener problemas", aclaró.

“Golferino” se va ahora a dar clases a una escuelita de fútbol, después a hacerse cargo del bebé para que su esposa pueda estudiar porque tiene exámen este martes. Pero la vida, con pelotas y botines, aún lo tienen con la misma idea. Un grito de gol, un canto desde la hinchada y el sueño de ganar, de ascender y de seguir peleándola.

Fue una gran alegría para mí jugar en Talleres

La vida de Damián Solferino cambió allá por 2009, cuando apareció en el ámbito del fútbol cordobés como refuerzo de Talleres. Y fue bailar con la más fea, aún en épocas de gerenciamiento fallido y de incertidumbre deportiva en pleno Federal A. “Fue todo muy difícil en ese momento en el club con todo lo que venía pasando. Pero a Talleres le estoy agradecido eternamente”, rescató el delantero. Y no evitó referirse al momento absolutamente opuesto que vive el club de barrio Jardín, respecto a aquella época: “es un gigante Talleres, es una felicidad haber pasado por ahí, uno lo sufrió en los peores momentos, pero la gestión de Fassi y compañía están haciendo muy bien las cosas. Más allá de todo lo pasado, por suerte me tocó jugar en Talleres y para mí fue una alegría inmensa”.