Desde hoy estará sentado en el banquillo por la "picada" callejera que en 2012 mató a dos adolescentes, y que sentó la base que años después terminó con la vida de Emanuel Balbo.


En la Cámara 4° del Crimen de Córdoba comienza este lunes un juicio que tiene un “condimento extra”. Se trata del proceso que tendrá en el banquillo de los acusados a Javier Alejandro Navarro (34) y Oscar “Sapito” Gómez (38), imputados por el “homicidio culposo agravado” de Enrique Díaz (15) y Agustín Balbo (14), dos adolescentes a quienes embistieron en una presunta “picada” callejera en barrio Ampliación Ferreyra, en noviembre de 2012. 

Lo de “extra” se debe a que este episodio fue el que despertó la enemistad entre Gómez y la familia Balbo, una fractura sin retorno que tuvo su punto máximo en abril de este año, con la imagen de Emanuel Balbo (22) cayendo de la tribuna del Estadio Mario Kempes que dio la vuelta al mundo.

El vocal Jorge Montero será el juez unipersonal, en tanto que Marcelo Hidalgo fue designado fiscal de Cámara.

El comienzo del proceso, que llamará la atención particularmente por la presencia del supuesto instigador de la muerte de Emanuel Balbo, era reclamado desde hacía tiempo por la familia Balbo y por el Foro de Víctimas de Siniestros Viales, y acarrea polémica porque la Justicia definió la fecha “casualmente” el día en que Emanuel murió en el Hospital de Urgencias.

“Picada”, muerte y furia. La “picada callejera” fue el 25 de noviembre de 2012 en este barrio del sureste de la ciudad de Córdoba. Según la acusación, “el imputado Javier Navarro, al comando del rodado VW Golf GL, color rojo, y el encartado Oscar Eduardo Gómez, al volante de un vehículo VW Gol, color verde agua” corrían a excesiva velocidad. Al llegar a la Manzana 3, Navarro chocó con su auto la motocicleta Appia 110 cc en la que iban Elías Balbo y Enrique Díaz, quienes sufrieron gravísimas heridas y quedaron tendidos en el lugar. Díaz murió en el acto; Balbo sobrevivió unas horas en el Hospital de Urgencias, pero no se lo pudo salvar.

Navarro fue detenido en el lugar del choque. Gómez huyó, y en su fuga casi atropella a los testigos que escucharon el estampido y se acercaron a ver qué había ocurrido.

No fue Gómez quien atropelló a los adolescentes, pero eso es circunstancial: en la descripción de contexto, el fiscal lo sindica como partícipe de una picada callejera y como tal tiene la misma responsabilidad que Navarro.

La defensa del “Sapito” adelantó que pedirá su absolución en el juicio. En su declaración negó haber participado de la carrera, dijo que a esa hora iba a buscar a su pareja cuando presenció el choque, y que quedó “consternado” y salió rápido a avisarles a los padres de los adolescentes, pero no los encontró. Su versión no coincidió con los numerosos testigos que lo sindicaron como partícipe de la “picada”.

La actitud del “Sapito”. Dijo el fiscal de Instrucción Víctor Chiapero: “Párrafo aparte merece la valoración de la conducta llevada a cabo por el imputado Gómez, por su actitud posterior al impacto que terminó con la vida de Díaz y Balbo; al respecto, resulta sugestivo que siendo totalmente ajeno al hecho –conforme sus dichos-, y no obstante haber advertido de manera directa la colisión provocada por el automóvil conducido por Navarro, no hubiera detenido la marcha, aún por una cuestión humanitaria, para procurar auxiliar a las víctimas, sino al contrario que el mismo haya emprendido la huida a toda velocidad sin importarle siquiera poner en peligro la vida de otras personas”.

Chiapero descartó el dolo eventual (que implica que el acusado se representó que podía dañar a alguien, pero no le importó), y para ello argumentó que por la falta de iluminación “ni Gómez ni Navarro advirtieron la presencia de la motocicleta”, y por eso no pudieron haberse representado que iban a chocarla.

Furia barrial. Al día siguiente del siniestro vial, decenas de vecinos indignados atacaron las viviendas de los acusados, destrozaron el VW Golf de Navarro y durante horas se enfrentaron con la Guardia de Infantería, que llamó a otras fuerzas especiales para frenar la cosa a balazos de goma.

Las familias Navarro y Gómez se fueron del barrio. Los vecinos cuentan que la cosa siguió fea desde entonces, y que por eso “Sapito” se la tenía jurada a la familia Balbo.






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