La sonrisa de un chico es única, asegura el joven que, mientras junta los residuos, separa los juguetes para entregar a niños con necesidades. 


Trepar, saltar, recoger, arrojar. Trepar, saltar, recoger, arrojar. Así, una y otra vez. Cientos de veces al día, Jeremías repite la rutina. Cuadra por cuadra, desde las 6 de la mañana, de lunes a sábados.

Una foto suya del viernes 19 de mayo recorre desde entonces las redes sociales, fue publicada el martes por Cadena 3, y muestra su costado más tierno: en la vorágine de recolectar los residuos, no se le pasó por alto un oso de peluche que, poco después, sonrió en manos de algún niño.

“No soy solo yo, todos mis compañeros también están atentos cuando ven algo que pueda servirle a otra persona”, empieza contando Jeremías Bazán, el joven que se hizo conocido por la foto en la que está, detrás del camión recolector de residuos, con el enorme oso blanco bajo el brazo.

Juguetes, ropa y otros objetos que algunas personas desechan, son luego entregados a otras personas que pueden necesitarlos, o reutilizarlos. “Hay vecinos muy buenos que cuando nos cruzan, nos avisan que dejaron una bolsa con ropa o con lo que sea, para que no la tiremos en el camión y se la demos a alguien”, explica.

“Siempre hay un niño que te saluda, o te pide algo. En el camino vemos muchos chicos sin zapatillas, con ropa en mal estado. Por eso lo que encontramos, lo vamos dando durante el mismo recorrido”, relata Jeremías, que habitualmente corre por las calles de Quintas de Argüello.

“Para mí es único ver la sonrisa de un pibe al que podés ayudar con algo, sea una remera o un muñeco”, asegura el muchacho de 21 años, que se gana la vida juntando residuos para la empresa Lusa desde hace un año y medio.

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–¿Sabés quién te sacó la foto?

–No, yo me enteré esa noche, el viernes a la noche, cuando alguien me etiquetó en el Facebook.

El espejo. Jeremías se mira en cualquiera de esos niños que a diario le piden algo cuando ven pasar el camión. Jeremías se contenta con la sonrisa de cualquiera de esos niños que reciben algo que él encontró antes.

“Me siento bastante identificado con ellos, porque vengo de una familia muy humilde en la que no había casi juguetes, padres separados, se vivía con lo justo. Había más imaginación que otra cosa”, recuerda el joven.

Y, con un pequeño gesto, llama a reflexionar: “Están pasando muchas cosas, se están necesitando muchas cosas, a veces con una pequeña ayuda se puede hacer mucho”.




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