El médico y senador provincial Martín Oliva propuso incorporar al debate público el concepto de “salud social”, una dimensión del bienestar que, según explicó, complementa a la salud física y mental y pone el foco en los vínculos, la pertenencia a una comunidad y las condiciones en las que se desarrolla la vida cotidiana.
En una columna de opinión, Oliva sostuvo que durante mucho tiempo la sociedad entendió la salud fundamentalmente como la ausencia de enfermedades físicas y que, posteriormente, comenzó a otorgarle una mayor importancia al bienestar emocional y la salud mental.
Para el legislador, el próximo desafío consiste en ampliar nuevamente esa perspectiva.
“Hoy tenemos por delante un paso más: empezar a reconocer y valorar la salud social, una dimensión menos conocida, pero decisiva para la calidad de vida de las personas y de las comunidades”, expresó.
¿Qué significa hablar de salud social?
Oliva explicó que el concepto contempla dos grandes dimensiones. Por un lado, la calidad de las relaciones personales, la posibilidad de sentirse acompañado, pertenecer a una comunidad y contar con redes de apoyo.
Pero también existe una dimensión colectiva relacionada con las condiciones necesarias para que las personas puedan desarrollarse y acceder a oportunidades, servicios, educación, trabajo, vivienda y espacios de integración.
“Nuestra salud no se construye solamente en un consultorio. También se construye en la familia, en el barrio, en la escuela, en el trabajo, en un club, en una plaza y en cada espacio donde se tejen relaciones humanas”, señaló.
Desde esta perspectiva, una persona puede presentar buenos indicadores clínicos y, sin embargo, encontrarse aislada o carecer de redes de contención. Del mismo modo, una comunidad puede disponer de servicios sanitarios y convivir al mismo tiempo con situaciones de desigualdad y exclusión que afectan el bienestar de sus habitantes.
Las condiciones de vida también producen salud
El senador hizo referencia a los determinantes sociales de la salud y remarcó que las circunstancias en las que las personas nacen, crecen, viven, trabajan y envejecen tienen consecuencias concretas sobre su bienestar.
“La salud no empieza recién cuando aparece una enfermedad. Se va construyendo mucho antes, en las oportunidades, en el ambiente, en los vínculos y en las condiciones cotidianas de vida”, afirmó.
También advirtió sobre una característica de la sociedad actual: estar permanentemente comunicados no necesariamente significa contar con vínculos de calidad.
Para Oliva, es posible mantener una gran cantidad de contactos y, simultáneamente, atravesar situaciones de soledad, aislamiento o fragilidad en las redes de contención.
Por eso consideró necesario entender la salud física, mental y social como dimensiones que interactúan permanentemente.
De la experiencia médica a la gestión pública
Oliva vinculó esta mirada con su propia trayectoria profesional y política.
“En mi labor médica, pude entender que detrás de cada diagnóstico hay una persona con una historia, una familia y un contexto. Y la experiencia de la gestión pública me permitió aprender algo complementario: muchas decisiones que superficialmente parecen ajenas al campo sanitario, también producen salud”, explicó.
En ese sentido, mencionó políticas de primera infancia, espacios públicos cuidados, clubes de barrio, escuelas inclusivas, propuestas culturales y deportivas, programas destinados a las personas mayores, atención primaria y mecanismos de participación comunitaria.
Todas esas acciones, argumentó, pueden contribuir a fortalecer los vínculos sociales y disminuir situaciones de aislamiento.
Políticas públicas que no funcionen de manera aislada
Uno de los principales planteos de la columna apunta directamente a la manera en que se diseñan las políticas públicas.
Para Oliva, reconocer que la salud posee dimensiones físicas, mentales y sociales obliga a superar respuestas fragmentadas.
“Salud, educación, desarrollo social, vivienda, empleo, deporte, cultura, urbanismo y participación ciudadana deben dialogar mucho más”, sostuvo.
El senador aclaró que esto no implica considerar que todas las áreas sean iguales, sino reconocer que los problemas que atraviesan las personas generalmente involucran diferentes dimensiones.
“La vida de las personas no ocurre dividida en ministerios, secretarías o comisiones legislativas. Los problemas reales son integrales y requieren respuestas igualmente integrales”, remarcó.
Nuevas preguntas para pensar comunidades saludables
Oliva propuso también ampliar los indicadores utilizados para evaluar el bienestar de una sociedad.
Además de conocer cuántos centros de salud, profesionales o prestaciones existen, consideró necesario preguntarse qué tan acompañadas se sienten las personas, qué oportunidades tienen para participar, qué redes encuentran cuando atraviesan dificultades y qué espacios comunitarios se están fortaleciendo.
También planteó analizar cuáles son las barreras que dificultan que determinados sectores puedan integrarse plenamente a la sociedad.
Incorporar estos indicadores, señaló, podría permitir detectar situaciones problemáticas antes de que deriven en enfermedades, crisis personales o procesos de exclusión.
“Cuidar los vínculos también es cuidar la salud”
Para el médico y senador provincial, instalar el concepto de salud social puede contribuir a modificar la manera en que se piensa el bienestar colectivo.
“No se trata de una moda ni de una nueva etiqueta para problemas conocidos. Se trata de recuperar algo elemental: somos seres sociales y una parte sustancial de nuestro bienestar depende de la forma en que vivimos con otros”, afirmó.
Finalmente, Oliva convocó a que el concepto comience a discutirse desde diferentes ámbitos: la medicina, la política, los gobiernos locales, las instituciones y la propia vida cotidiana.
“Cuidar la salud es prevenir y tratar enfermedades, pero también construir comunidades en las que las personas puedan encontrarse, participar, sentirse parte y saber que no están solas”, expresó.
Y concluyó: “Tal vez uno de los desafíos sanitarios de nuestro tiempo sea justamente volver a entender que cuidar los vínculos también es cuidar la salud”.
