Hay casos que pueden tardar hasta un año en su resolución. No hay personal suficiente ni espacios adecuados. En el medio, hay chicos y padres desesperados.


El escritorio de la jueza Diana Kazaquevich está atiborrado de expedientes. Caminar por los pasillos donde funcionan los Juzgados de Familia no es distinto. Los expedientes incluso están en el suelo. La cantidad es enorme y el personal no es el suficiente. En ese contexto se debe atender tal vez uno de los temas más sensibles de la Justicia: los problemas en donde hay chicos de por medio.

Los tiempos de la Justicia y la desesperación de los padres.

ViaComodoroRivadavia tomó un caso a modo de ejemplo donde se da una situación compleja entre una pareja que busca tener la tenencia de un hijo. Si bien hay plazos que se deben cumplir, como lo expresa la propia Jueza, titular del Juzgado 2, lo cierto es que por distinto motivos, todo se extiende más de lo que la desesperación de cualquier madre o padre puede esperar. El caso testigo lleva 7 meses y no tiene una solución definitiva.

Juzgado de Familia

“Muchas veces nos encontramos con casos donde los padres no se ponen de acuerdo y allí surgen problemas. No acuden a las citas, no respetan las visitas acordadas, piden nuevas fechas, se presentan denuncias cruzadas…”. Y a esto hay que sumarle que no es una persona la que interviene en el caso: hay informes de equipos psicológicos propios, de privados, a veces de médicos, de organismos de protección de derechos.

Los chicos sufren las consecuencias. Imagen ilustrativa.

El tema es muy sensible y no pueden tomarse decisiones apresuradas, pero también es cierto que muchas veces “la Justicia es lenta” y en estos casos hay emociones de por medio donde alguien pierde si se lo quiere poner en esos términos. La burocracia que permite el sistema termina siendo injusta para una de las partes y no hay paciencia que alcance. Un escritorio suele tener un centenar de expedientes por día. En ese contexto lograr un equilibrio se torna difícil. 




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