Por medio de un comunicado de prensa, el obispo de la Diócesis, Mons. Luis Urbanc pidió disculpas "a quienes pude haber ofendido y que se sientan agraviados" por el contenido de la homilía pronunciada la semana pasada en Palo Blanco.


Urbanc tuvo duras palabras hacia los legisladores, a quienes tildó de “calienta sillas” cuestionando la entrega de viviendas en época electoral.

Mediante comunicado, el obispo salió al cruce luego de la polémica que generaron sus dichos.

El texto completo del Comunicado:

A los hermanos catamarqueños: Debido a las repercusiones que causó algún pasaje del contenido de la homilía que pronuncié el 17 del corriente, en la capilla del Señor de la Agonía, en Palo Blanco, Departamento Tinogasta, considero necesario hacer alguna aclaración y pedir disculpas a quienes pude haber ofendido y que se sientan agraviados.

Creo importante aclarar que el contexto era el de una celebración religiosa dentro del templo para consagrar su altar y la dedicación del edificio sólo para el culto, a pedido de los feligreses de Palo Blanco.

La homilía es una profundización de los textos bíblicos, que en esa ocasión fueron tomados del primer libro de los Reyes 8,22ss y del Evangelio de san Juan 2,13-22. Los que participamos de la celebración nos dejamos interrogar por la Palabra de Dios para examinar nuestra vida, nuestros pensamientos, nuestro compromiso como cristianos. Por tanto, no es un mensaje para los que no están. De manera que, quien no está no podrá interpretar en sus matices lo que se dice, ya que hay tonos de voz, silencios, miradas, gestos y un clima particular que lleva a expresar preguntas para dar una respuesta ante el Señor y ante uno mismo. Ya lo dice la carta a los Hebreos (4,12) que “la Palabra de Dios es viva y eficaz y más cortante que espada de dos filos, y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón”.

Querría reafirmar una convicción, que aplaudo toda gestión que se hace para construir casas y así lo expresé cada vez que me invitaron a bendecir entregas de viviendas. Lo que en la homilía quise expresar, motivado por las bellas construcciones en piedra del altar y el ambón, que me tocaron profundamente la emoción, es que se debería implementar el uso de la piedra en las construcciones y así recuperaríamos la labor de los picapedreros y se abriría una genuina fuente de trabajo para muchos de nuestros jóvenes, a los que hay que incentivar con algo seguro y duradero. Si hubo palabras fuera de lugar, pido perdón. Igualmente, en el mismo contexto hice alusión, con cierto ardor, a los legisladores como ideas para concretar con alguna legislación. También les pido disculpas.

Además, quiero dejar en claro que en casa me inculcaron un gran respeto por la mujer como ciudadana, esposa y madre, desde la fe. ¡Cuánto me enseñaron a amar y a acudir a la protección de la Virgen María, la esposa de san José y la mujer elegida por Dios para ser la Madre de su Hijo Encarnado! Y así procuro hacerlo. Tengo una gran admiración por mis maestras, profesoras, catequistas, etc., quienes me ayudaron a valorar lo femenino en la vida humana. ¡Cómo no apreciarlas, si el 90 % de las colaboradoras en la vida eclesial son ellas, que con su sencillez, generosidad y abnegación sostienen la fe y la trasmiten a las futuras generaciones!

Por eso, si alguna mujer se sintió agraviada le pido humildemente perdón.

En fin, con este escrito, que es muy distinto a cuando uno habla espontáneamente, y en el que nos puede traicionar la vehemencia, quiero dejar aclarado lo que pienso, y ponerme siempre al servicio de la armonía, el diálogo, el respeto por las diferencias y la amistad social.





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