Biocombustibles
El uso de biocombustibles tiene su gran pro que es el no uso de recursos que son no renovables, a continuación vamos a ver sus diferencias, tanto sus pros como sus contras.


Hace más de 200 millones de años, las plantas y los animales que habitaban nuestro planeta fueron cubiertos por diversas capas de sedimentos. Luego, mediante diferentes procesos físicos, químicos y biológicos (las altas presiones, las temperaturas y la acción de microorganismos), comenzaron un proceso de descomposición. Así, como resultado de ese proceso, surgieron lo que hoy denominamos combustibles fósiles.
Los biocombustibles, por su parte, también tienen su origen en la biomasa; es decir, la materia orgánica de origen vegetal o animal. Sin embargo, a pesar de que parten del mismo material inicial, hay diferencias entre los combustibles fósiles y los biocombustibles. Esas diferencias son las que determinan que unos sean considerados recursos no renovables (los combustibles fósiles), y los otros renovables; del mismo modo, los primeros son considerados contaminantes ambientales y los segundos no (aunque actualmente hay un debate con respecto a esto último).
Las plantas, para su crecimiento y desarrollo, realizan un proceso que se llama fotosíntesis. Este proceso no ha cambiado en absoluto; lo realizan las plantas que contienen clorofila ahora y lo hacían de la misma manera las que existían hace millones de años.
La fotosíntesis, es un proceso foto-químico en el que intervienen el dióxido de carbono (CO2) que se encuentra en el aire naturalmente (es uno de los gases que componen la atmósfera terrestre), el agua de las plantas y la luz solar como fuente de energía. Luego, como resultado de ese proceso, se originan moléculas más complejas (azúcares) que pasan a formar parte de la estructura energética de los vegetales y que son necesarias para el metabolismo general.
La fotosíntesis, es un proceso foto-químico en el que intervienen el dióxido de carbono (CO2) que se encuentra en el aire naturalmente (es uno de los gases que componen la atmósfera terrestre), el agua de las plantas y la luz solar como fuente de energía. Luego, como resultado de ese proceso, se originan moléculas más complejas (azúcares) que pasan a formar parte de la estructura energética de los vegetales y que son necesarias para el metabolismo general.
Ahora bien, ¿qué ocurre cuando la materia orgánica así formada es utilizada para producir energía? pues, todas las moléculas que conforman la estructura de las plantas se descomponen. Y, en esa descomposición, se produce CO2 que vuelve a ser liberado a la atmósfera en forma de gas. Esto ocurre tanto con la biomasa actual como con la producida hace millones de años que constituye los combustibles fósiles.
Habíamos dicho que la biomasa, cuando se la utiliza para producir energía, se descompone y produce CO2. Pero, en el caso de que proceda de biomasa actual, ese CO2 liberado es nuevamente utilizado por otras plantas para su crecimiento y desarrollo; en un proceso circular que se produce casi simultáneamente.
Como resultado, no hay excedentes de CO2 que se acumulen en la atmósfera y sobrepasen los umbrales normales; por consiguiente, no se genera emisión contaminante. En otros términos, cuando se utiliza biomasa vegetal actual para producir energía, se produce un proceso continuo; por un lado, se emite gas, pero, al mismo tiempo, ese mismo gas entra de nuevo al circuito productivo.
Y esa es la diferencia fundamental entre biocombustibles y combustibles fósiles. Los primeros liberan CO2 que vuelve a ser reutilizado para producir biomasa. En cambio, cuando se quema un combustible fósil para producir energía, ese CO2 que proviene de mucho tiempo atrás, no vuelve a ser utilizado para producir biomasa y regenerar la que le dio origen. De ese modo, se genera un excedente que termina alterando el equilibrio gaseoso de la atmosférica; que es el que finalmente ocasiona el efecto invernadero.
Por todo lo señalado, nosotros no podemos producir combustibles fósiles, tienen que ser generados naturalmente; en cambio, la biomasa que utilizamos como biocombustible sí la podemos producir fácilmente. Por eso, a los primeros, que se consumen con el uso, se los llama fuentes no renovables de energía; lo contrario sucede con los segundos, que por tal razón son considerados recursos renovables.

Los biocombustibles más utilizados en la actualidad son el etanol y el biodiesel. El primero, es un alcohol que se obtiene del azúcar de determinados cultivos (maíz, caña de azúcar, remolacha azucarera); se usa en motores nafteros. El segundo, se elabora a partir de aceites o grasas vegetales; se usa en motores diésel.
Otras fuentes que pueden ser usados para producir energía térmica o eléctrica derivada de la biomasa, son la leña y el carbón vegetal, el biogás y el bio metano. De forma general, el aporte de los biocombustibles a la sostenibilidad, se puede ver citando algunos ejemplos.
Los beneficios del biocombustible, que son muchos y variados, se pueden resumir en los siguientes puntos:

El biodiesel, en comparación con el diésel derivado del petróleo, tiene más ventajas en cuanto emite menos gases contaminantes, a saber:
Por su parte, el biogás, contribuye a la sostenibilidad ambiental de la siguiente manera:
Los biocombustibles, según su origen, se clasifican en tres clases o tipos;
Según los especialistas, los de segunda generación son los que impactarían más favorablemente sobre el ambiente y los que generarían menores gases de efecto invernadero.

Como se habrá podido apreciar, los biocombustibles tienen características que los convierten en recursos para producir energía con impactos ambientales altamente favorables. Esas externalidades positivas, deben ser divulgadas para que todos podamos conocerlas y actuar en consecuencia.
Con pocas acciones, pero muy concretas, todos podemos ayudar; sobre todo, aquellas empresas que desarrollan sus actividades bajo el concepto de Responsabilidad Social Corporativa, para las cuales cambiar su matriz energética a favor de los biocombustibles no debería ser una opción sino una obligación.