Deborah de Corral: ‘Hoy tengo menos ambiciones, ese estrés me saturó’



Conductora y cantautora, la ex modelo que vive en Miami afirma que se corrió de la vidriera y que ya no está en venta. (de La Razón)

Javier Firpo

jfirpo@larazon.com.ar

Dice que no se tuvo que reinventar una vez que dejó las pasarelas. Que las cosas se fueron presentando naturalmente, sin demasiado esfuerzo. Se encontró con la música, o la música la encontró a ella, al igual que su fascinación por la cocina que, revela, viene desde chiquita. Deborah de Corral es una multitasking, que sabe hacer de todo para vivir… para vivir bien, claro. Reside en Miami con su novio empresario, pero Buenos Aires es su oficina: acá edita discos, actúa en festivales y en shows intimistas. También conduce programas que vinculan el turismo y la gastronomía, una faceta de toda la vida para ella, pero bastante novedosa para los televidentes: primero fue “Algo de mí”, luego “Fuegos terrenales” y ahora “El mejor plan” -ver recuadro-. “Es un programa que apunta a lo minimalista, al buen gusto, a lo accesible… No proponemos un viaje imposible ni lujoso, sino goces que están al alcance de la mano.

Qué mejor que armar valijas, recorrer nuevos destinos, encontrar restoranes y descubrir sabores y costumbres locales”, expresa Déborah, su conductora, que hace saber que disfruto cocinar desde un plato rebuscado hasta un huevo frito o una milanesa con puré. “Nadie sabía que cocino desde siempre. Y eso que en mi casa no había una cultura sibarita… Comer era algo así como cumplir con la obligación y la necesidad de alimentarse”.

¿Entonces? ¿Cómo fue que te acercaste al mundo culinario?

Desde los 16, cuando empecé a viajar como modelo, tuve el berretín de comprar libros, especias y ollas, intentando imitar lo que consumía en otros países y en los restaurantes que me interesaban.

Mientras cocinás en “El mejor plan”, se te ve descontracturada entrevistando a tus invitados…

Soy así, espontánea. Prefiero sorprenderme y no ir a lo preestablecido. En las charlas me gusta no forzar las conversaciones, y que el entrevistado me lleve por su entusiasmo, por sus viajes espirituales, sus comidas inolvidables, evitando encorsetarlo con mis preguntas.

No te ponés en el rol de entrevistador

¿Para qué? Trato de evitar la solemnidad y apelo a una charla distendida en la que todo esté permitido.

¿Cómo te calificás en tu papel de conductora?

Siento que soy auténtica y relajada. Creo que puedo bajar mil decibeles. Es el oficio, pensá que ya hace más de veinte años que debuté con “El rayo”, que fue mi escuela. Aprendí a verme calma y ser amena.

¿Creés que hay más programas de turismo y comidas porque se busca “vender” placer ante tanta realidad?

Me parece que es un gusto natural, que te saca de la locura mental en la que estamos inmersos a diario. Son formatos que proponen cierto desacartonamiento de dos personas conocidas, haciendo lo que a muchos nos fascina, que es saborear comidas autóctonas y descubrir algún rinconcito oculto del país. Una fórmula que no suele fallar… Conducir y cocinar… y cantar. Deborah está cada vez más más consolidada como cantautora luego de la reciente salida de “Piel”, su segundo álbum tras “Nunca o una eternidad”, lanzado hace cinco años. “Este segundo disco corre con desventaja, porque el primero es la curaduría de todo lo que yo fui haciendo hasta ese momento. Yo tenía veinte o treinta canciones y realicé una selección, pero ahora tuve que pensar en las que tendría ‘Piel’. Ya era consciente de que estaba laburando para un material y eso saca naturalidad y disfrute…

Pero está más curtida la cantante…

Sé qué quiero y qué errores se pueden evitar. El tema es que también estás más autoconsciente y eso atenta contra la libre creación. Es contradictorio, porque hay mayor experiencia y seguridad, pero también hay que revalidar lo hecho en el disco anterior. Y no quiero perder esa zona de confort que me propone la música.

Y en Miami, donde vivís, ¿cómo es tu vida musical?

Allá no tengo el espacio suficiente para desarrollar el tipo de música que practico. El indie-pop latino que yo hago no tiene un lugar en Miami, donde predomina el latinaje puro, los ritmos caribeños… Yo tengo sangre más rockera.

¿Y no te gustaría adaptarte?

Prefiero buscar nichos ocultos en un mercado más pequeño, pero que me recibe con los brazos abiertos. No me interesar cambiar mi esencia para ingresar a ese espacio de moda que nos rodea. ¿Que gano?

¿Cuál es tu norte musical?

No lo tengo, aparece solito. Los shows y las presentaciones se van dando. Ya no busco, no me muero por estar, lo único que me interesa es mantener la llama prendida.

¿Perdiste la ambición?

Simplemente no tengo la capacidad para abocarme a alimentar una carrera musical, porque no estoy dispuesta a cumplir con los requisitos. Tengo 42 años, y yo la hice en su momento, cuando tenía la edad de quemar todas las energías…

No querés poner tanto el cuerpo… Lo hice siempre. Fui mi manager, mi prensera, mi vendedora y eso agota… Ese estrés ya no lo necesito, tampoco me interesa vender nada. Que lo hagan otros. Ya de pensarlo me duelen las cervicales -sonríe-.

Te abrazaste a otra energía…

Me cansé de la neurosis que nos rodea, que no es lo mismo que decir que tengo una actitud displicente o que estoy desinteresada.

¿Cómo te cayeron los “cuarenti”?

Yo sigo sintiéndome la de siempre, la que nunca fui pendex porque desde chiquita que me banco sola. Tampoco me siento una señorona de 42, salvo cuando los dolores de cintura me pasan factura. Yo fui grande siempre, pero a la vez nunca tuve edad. O siempre tuve la misma edad, que debe promediar los treinta.