Sigue siendo la mayor hazaña tecnológica de nuestra especie; el 20 de julio de 1969, Neil Armstrong y Edwin Aldrin caminaban sobre nuestro satélite.


Pasó ya más de medio siglo. Y continúa siendo la mayor hazaña tecnológica en la historia de nuestra especie. A pesar de que Marte está 145 veces más lejos y que una larga serie de robots han rodado en su superficie, o que sofisticadas sondas espaciales han explorado los confines del sistema solar e incluso han salido de éste, nada ha sido tan complejo y desafiante hasta ahora como haber podido hacer que seres humanos pusieran sus pies sobre la superficie de otro mundo. La humanidad lo logró el 20 de julio de 1969, cuando los astronautas de la NASA Neil Armstrong y Edwin Aldrin caminaron sobre el suelo lunar.

Imagen de mayo del ’69, a través de la cual la NASA presentó a la tripulación del Apolo 11: desde la izq., Neil Armstrong, comandante; Michael Collins, piloto del Módulo de Comando; y Edwin Aldrin, piloto del Módulo Lunar. Armstrong falleció en 2012.

Motivada fundamentalmente por ganar la carrera espacial frente a la entonces Unión Soviética, que estaba liderando la contienda después de haber puesto en órbita terrestre tanto el primer satélite artificial (Sputnik, 1957) como el primer hombre (Yuri Gagarin, 1961), la NASA puso en marcha el proyecto Apolo 11. Éste debería llevar a un ser humano a la Luna y traerlo sano y salvo de vuelta a la Tierra antes de que finalizara la década de los ’60. Ese era el objetivo político y nacional, anunciado a través de las históricas palabras del presidente John F. Kennedy, el 12 de septiembre de 1962.

John F. Kennedy y su hermana menor, Jean Kennedy Smith. Si bien fue el presidente estadounidense que impulsó el proyecto Apolo, la misión llegó a la Luna durante la gestión de Richard Nixon (gobernó entre 1969 y 1974).

Poco menos de siete años después, y mientras la guerra fría tenía como uno de sus principales escenarios a Vietnam, la odisea se cumplió. Más de 20 mil millones de dólares y el trabajo de 40 mil personas -directa o indirectamente involucradas en el proyecto- fueron necesarios.

Despegue del cohete Saturno V, desde la plataforma 39A en Florida, el 16 de julio de 1969. Concebido por el alemán Wernher von Braun, el artefacto medía 110 metros de altura y poseía cinco motores capaces de generar 3 millones y medio de kilos de empuje. En la parte superior, iba la cápsula Apolo, con los tres astronautas. El cohete se iba deshaciendo por etapas, hasta que la cápsula quedaba liberada rumbo a la Luna.

Después de un formidable camino de desarrollo tecnológico, de conocimiento, basado principalmente en la prominente industria militar de proyectiles balísticos que se había alcanzado durante la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos contó con el cohete necesario para impulsar una nave tripulada a la Luna, el Saturno V; también, lógicamente, con el resto de todo lo necesario para que la meta lanzada por Kennedy fuera concretada.

Fotografía del Módulo Lunar “Eagle” (Águila), en el que Armstrong y Aldrin descendieron hasta la superficie de nuestro satélite natural. La imagen fue tomada poco después de que el aparato se desprendió del Módulo de Comando, que permaneció en órbita lunar pilotado por Collins. En el mismo “Eagle”, los astronautas despegaron de la Luna y se acoplaron al Módulo de Comando, con el que volaron de vuelta a la Tierra. El “Eagle” fue abandonado en el espacio.

Así, el domingo 20 de julio del ’69, el Módulo Lunar, en el que Armstrong y Buzz Aldrin llegaron hasta la misma superficie de nuestro satélite, se posó suavemente en ésta, para que poco después el comandante de la misión descendiera y pronunciara aquella trascendental frase: “Este es un pequeño paso para un hombre, pero un gran salto para la humanidad”.

Aldrin, fotografiado por Armstrong, mientras baja las escaleras del Módulo Lunar “Eagle”. 600 millones de espectadores tuvo la transmisión televisiva en vivo desde la Luna, cuando la población mundial era en ese momento de poco más de 3 mil millones de habitantes.

Un total de 12 seres humanos caminaron sobre la Luna hasta hoy; además de los transportados por la cápsula Apolo 11, los que siguieron, a bordo de las naves Apolo 12, 14, 15, 16 y 17 -esta última fue en 1972-. Recordamos que el Apolo 13 sufrió un desperfecto en vuelo hacia la Luna y debió regresar a la Tierra (la historia representada en la película del mismo nombre de la misión y protagonizada por Tom Hanks).

Armstrong, fotografiado por Aldrin, en el interior del Módulo Lunar cuando ambos ya habían completado su “paseo” por la superficie de nuestro satélite. Estuvieron 21 horas y 38 minutos posados en aquel inhóspito mundo.

UNA VERDAD INOBJETABLE. Con los años, la formidable historia de los viajes tripulados a la Luna fue contaminada con una serie de cuestionamientos que hasta lograron repercusión mundial. ¿Había sido todo real o se trató de un montaje televisivo propagandístico de la política norteamericana? A este embauque falaz se lo llamó “Conspiración”.

El astronauta James Irwin saluda a la bandera norteamericana, durante el alunizaje del Apolo 15, en agosto de 1971. A la derecha del Módulo Lunar, puede verse el rover o vehículo de exploración, impulsado por energía eléctrica y al que se transportó plegado en el mismo Módulo Lunar.

La misma NASA se encargó de responder a cada uno de los interrogantes, con didácticas explicaciones, sencillamente comprensibles. Pero, más allá de eso, la robustez de la evidencia documental existente fue incluso respaldada por quienes habían competido en la carrera espacial contra los EE.UU.; justamente, los rusos (entiéndase de la ex Unión Soviética). 

ARTEMISA, EL REGRESO A LA LUNA. La NASA ahora se encuentra plenamente abocada al próximo gran salto, el regreso a la Luna con hombres y por primera vez con mujeres. De la misma manera que se trabajó en el proyecto de los años ’60, se desarrolla ahora Artemisa (hermana gemela de Apolo en la mitología griega y romana). Para 2024, se espera que se alcance este nuevo objetivo, que tendría que ser una escala para la siguiente fase de exploración espacial, la que llevará a los primeros humanos a Marte, a 55 millones de kilómetros de la Tierra; una distancia 145 veces mayor a la que nos separa de la Luna, la que alcanzamos hace 51 años.

Mujeres y hombres astronautas, en prácticas en la nave Orión, semanas atrás, como parte de los desarrollos de la misión Artemisa, con la cual la NASA volverá a llevar humanos a la Luna, en 2024.




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