En la ciudad se promueve una ordenanza para regular su actividad sin quitar la posibilidad de trabajo. 


Se trata de Sergio Suez, un hombre que en el año 1999 quedó sin empleo y fue ese el detonante para que transformara su pasatiempo en un trabajo: hacer viandas. Hoy en día le vende comida a personal de empresas y a familias. 

Desde Río Negro, informaron que el hombre contó que cuando era chico le gustaba cocinar y ver a la mujer que lo crió en la cocina. “Cuando era chico me encantaba ver cómo cocinaba una señora de Comallo. Cocinaba con un amor que me inspiró”. 

Posteriormente a su comienzo como cocinero, Sergio vivió un año en Estados Unidos y cinco en España, hasta que regresó a la ciudad de Bariloche, donde le llevó 7 años retomar con el negocio, hasta que volvió con su rutina. Adoptó su trabajo como uno diario aunque en las temporadas de vacaciones, él también trabajaba. 

“Conozco mucha gente del centro. Entonces, aprovecho a venderles oficinas, a la gente que se queda a almorzar allí. Mi presa es: comida casera y de calidad”, aseguró al sitio rionegrino. 

​Ante la crisis económica, el hombre contó que empezaron aflorar en toda la región establecimientos informales de venta de alimentos que encontraron cobijo en las viviendas de los mismos elaboradores. Tal es así que Jorgelina Vera, una mujer que vive en el barrio Nahuel Hue, contó que hizo un curso de pastelería y se le ocurrió hacer desayunos a pedido para los cumpleaños. “Me genera un ingreso cada tanto porque la gente se pasa información del boca en boca”. 

Por la situación económica, en Bariloche la moda es el negocio de las viandas: la historia de uno de los chef

“Hay que pelearla todos los días a pesar de haber cumplido 29 años en la actividad porque los precios de la materia prima cambian en forma permanente”, contó otra mujer que está también en el negocio, Nora Rossi quien elabora en Viedma alrededor de 30 comidas diarias aunque cuenta con una cartera de 100 clientes. Nora se inició con la venta de pizzas y empanadas, y a medida que pasó el tiempo en su actividad fue incorporando otras minutas.

Sobre esto, Sergio argumentó: “En mi caso, tengo cursos de manipulación de alimentos. Compro descartables, trato de balancear pollo, con carne, con pescado y verduras. Pero en la calle hay de todo. Por eso, me parece bárbaro que la municipalidad fiscalice y capacite”, señaló Suez.

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En tanto a la creación del Programa de Promoción de Pequeños Elaboradores de Alimentos, está destinado a “emprendedores que, por lo incipiente de sus proyectos, por la escasa disponibilidad de recursos económicos o por la baja escala de su actividad, no cuentan con establecimientos exclusivos”.

Desde el ambiente municipal, se dice que recién ahora se está poniendo en marcha un programa de ayuda a los microemprendedores, y que hasta el momento se anotaron 150 interesados de diversos rubros, pero se desconoce que grado de aceptación tienen las comidas elaboradas.






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