La misma se realizó en inmediaciones del Hospital Naval Ushuaia, en la calle que lleva su nombre y donde se erige un monumento en su memoria.


Se realizó la ceremonia por el Día del Conscripto Naval. La misma se realizó en inmediaciones del Hospital Naval Ushuaia, en la calle que lleva su nombre y donde se erige un monumento en su memoria.

Fue presidida por el Comandante del Área Naval Austral, contraalmirante Marcos Ernesto Henson, quien estuvo acompañado por su Estado Mayor y jefes de los destinos dependientes del Área Naval Austral. Además se hicieron presentes representantes de las Fuerzas Armadas y de Seguridad y ex combatientes de Malvinas.

Ceremonia en Ushuaia

Las palabras alusivas estuvieron a cargo de la Teniente de Navío Psicóloga Laura Bosque, quien realizó un repaso por la historia de Anacleto Bernardi. “Nació en Villa San Gustavo, Departamento de La Paz, en la provincia de Entre Ríos, el 13 de julio de 1906.

Hijo de Atilio Bernardi, inmigrante italiano oriundo de la región del Piamonte; y Sofía Giménez, entrerriana. Pasó su infancia junto a las costas del río, llegando a ser un nadador de excepcionales condiciones”, expresó.

Además, agregó que “Por su notable desempeño recibió el premio de ser destinado a integrar la dotación de la Fragata Sarmiento, para realizar el viaje de instrucción de la promoción N°27 de la Escuela Naval Militar. Una vez en viaje, cuando la fragata tocó puerto en el Golfo de Génova, Bernardi fue desembarcado por una afección neumonológica.

Respecto de las heroicas circunstancias de su fallecimiento, la teniente Boque expresó que “En medio de la tragedia, el conscripto naval Anacleto Bernardi y el cabo Santoro, pese a estar convalecientes, se presentaron ante el comandante del buque para colaborar con el salvataje.

Ceremonia en Ushuaia

Luego de casi dos horas de penosa tarea, y cuando no había otra alternativa que arrojarse del barco o perecer con él, Bernardi observó a un anciano que permanecía en cubierta, vacilante, sin saber qué hacer. En ese momento, Bernardi le cedió su propio salvavidas para que se arrojara al agua y salvar su vida”.

Para finalizar, la teniente Bosque hizo referencia al momento final de la vida del conscripto, que quedó plasmado en las anotaciones del diario personal del cabo Santoro, donde escribió: “Nadábamos afanosamente. Bernardi iba a mi derecha, un poco retrasado. Llevaríamos ya unos cien metros de travesía, cuando gritos escalofriantes dominaron un momento el rumor de las olas que se repitieron varias veces, cada vez más extraños, cada vez más patéticos: Tiburones! Son tiburones!”.





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