Sergio era un conocido vagabundo que deambulaba por las calles céntricas de San Luis y gracias a la solidaridad y el amor, volvió a vivir. 


Sergio era un conocido vagabundo que durante años deambuló por las calles céntricas de la ciudad de San Luis y con las bajas temperaturas de mayo un grupo de personas se organizó a través de Facebook para cambiarle la vida para siempre. 

Elisabeth Aballay fue quien publicó en las redes sociales la imagen de Sergio, el hombre que vive en la calle, y contó que a partir de la publicación “mucha gente se comunicó para colaborar” y coordinaron “para poder acercarle comida, asearlo y acompañarlo”.

El posteo en Facebook que le cambió la vida a Sergio.

Luego de viarios encuentros en los que le dieron comida, jugo y trataron de dialogar con el, ya que no emitía palabras, lograron que Sergio aceptara la ayuda y se comprometiera para el cambio, para salir de la siuación de calle.

La fría mañana del 31 de mayo Sergio fue encontrado en avenida Juan Gilberto Funes, frente a una sucursal del Banco Nación. Pese a la desconfianza inicial, consiguieron que aceptara y lo trasladaron hasta el comedor que funciona en la parroquia San Roque. “Ahí comienza la historia”, relató Alejandro Lorenzo, quien es cocinero del lugar.

En el parador social lo bañaron, le cambiaron la ropa, le cortaron el pelo, la barba y las uñas. Fue el primer paso de una etapa de grandes cambios que alegrarían el corazón de varias personas. Además lo llevaron al Hospital Psiquiatrico, donde médicos lo revisaron y le hicieron estudios. 

Otras personas y profesionales de la Salud se sumaron a la iniciativa. Fotografía: Marcos Verdullo; Video: Víctor Albornoz; Edición: Nicolás Miano​

Luego Alejandro se lo llevó a vivir con él y Sergio ya es parte de su misma familia, junto a “Tita” una perrita de 14 años.​

La coordinadora del Parador social de la parroquia, Alexandra Blanchet y a el acompañante terapéutico, Miguel Colombo dialogaron con El Chorrillero para dar testimonio de lo que logró el amor, el compromiso y la unión. 

“Sergio fue como el primer eslabón de una cadena en la que se movilizó mucha gente”, señaló Alexandra. Y por eso, días después en la parroquia se conformó un parador solidario.  Después de conocerlo, “nos dimos cuenta que también había otras personas en la calle, entonces el padre Alan (Sosa Tello) decidió ir a buscarlos y ahí comienza esta aventura”, dijo.

Alejandro lo rescató y desde ese día viven juntos. Fotografía: Marcos Verdullo; Video: Víctor Albornoz; Edición: Nicolás Miano​

Alexandra, quien ya trabajaba dentro de Cáritas parroquial, se puso en los hombros la organización del parador que formalmente comenzó a funcionar el 11 de junio.  Ella conoció a Alejandro hace un par de meses y en varias ocasiones habían soñado con la posibilidad de tener un refugio u hogar para “acompañar a la gente”.

Sin embargo, la oportunidad surgió sin esperarlo y con el correr de los días se fueron conformando distintas comisiones para brindar contención. Asimismo se implementó “La noche de la caridad”, en la cual una parte de los voluntarios se ocupa de brindarles comida a quienes no quieren o pueden acercarse a la iglesia. Actualmente se les proporciona alimentos a más de 35 personas.

Miguel es el acompañante terapéutico de Sergio. Fotografía: Marcos Verdullo; Video: Víctor Albornoz; Edición: Nicolás Miano​

A veces piensan que es muy fácil pero son personas y muchas de estas nos dijeron que no, que querían permanecer en la calle y también tuvimos que aprender a aceptar eso”, contó Alexandra.

¿Quién es Sergio?

Para los puntanos Sergio era muy conocido pero también ignorado, e incluso a veces temido; muchos rumores y versiones circulaban de el en relación a su pasado, su origen y el de su familia.

Cuando le preguntaron a Alejandro sobre la historia del hombre recuperado sostuvo que “no hay nada certero” y explicó que: “Sabemos que él está en situación de calle desde hace más de 20 años y también pudimos dar con una historia clínica que tiene el Hospital de Salud Mental, donde recibió atención”.

El día que lograron asearlo.

Lo poco que saben es que tiene 54 años, según sus propias palabras. Aunque, en su historia clínica figura que tiene 47.

Alejandro remarcó que: “Tratamos de no volver para atrás, de por lo menos no hacerlo retroceder a él con ese tipo de cosas. La idea es, desde el psicólogo y el psiquiatra, que él tiene que saber todo, se tiene que involucrar y ser parte de lo que decidamos”, planteó y reveló que dos abogadas, Griselda y Gloria, están intentando generar los documentos, para que pueda recibir la asistencia que necesita y tener una obra social.

Uno de los primeros encuentros con el.

Actualmente Sergio se levanta temprano y acomapaña a Alejandro a su trabajo, en la Parroquia. En ese lugar “tiene la posibilidad de ser atendido por algunos de los profesionales, como es el caso de la fonoaudióloga”, señaló Alejandro y contó que “también está aprendiendo a cocinar y hace unas semanas se lo vio en un video amasando ñoquis”.

Hasta la actualidad, Sergio no ha intentado volver a la calle, lo que significa todo un logro, debido a que anteriormente intentaron ayudarlo otras personas y no fue posible. “Fue como que él nos adoptó”, comentó Alejandro y recordó que en dos ocasiones se les perdió de vista, pero cree “que no pasó por irse o escaparse, sino por buscarme a mí, creo que me tiene como referente”.

Otros de los cambios es su vida cotidiana, ya que ahora realiza trabajos artesanales. Con la ayuda de su nueva familia ha elaborado con papel de revistas, cestos y canastitas. Además ha decorado cajas y cajones para utilizarlos como pequeñas bibliotecas.

Sergio, un antes y un después.

A esto se suma que está formando hábitos diarios. Le gusta mirar televisión y la lectura; saca a pasear a Tita y es un muy buen cebador de mates. “Es difícil salir a caminar dos cuadras con Sergio sin que se te cruce una persona que lo quiera saludar”, comentó.

Si bien todavía le cuesta comunicarse verbalmente, comprende todo y en varios momentos de la entrevista dejó escapar sonrisas cuando lo mencionaban, aseguró la periodista Antonella Camargo.

“Él lo está haciendo con nosotros, él nos está ayudando también a crecer como personas”, concluyó Alejandro.






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