Raúl es sanjuanino y, aferrado a una promesa, restaura la casa en la que su esposa y sus dos hijos fallecieron.


En julio pasado, mientras se dirigía al aeropuerto de Mendoza por trabajo, una tragedia fatal se llevó la vida de su esposa Roxana y sus hijos Sol y Mariano. El brutal incendio se originó por ropa que se secaba cerca de una estufa y terminó consumiendo toda la vivienda, dejando atrapada a la familia en la planta superior de la casa. Hoy, cuatro meses después de aquel fatal incidente y aferrado a un promesa que le hizo a su hijo Tomás, quien al momento del siniestro se encontraba en Buenos Aires, Raúl González reconstruye el hogar en donde un incendio se cobró la vida de sus queridos. 

Así quedó la casa de la familia González Saavedra tras el trágico incendio

Aferrado a su fe, la contención de sus amigos y familiares, y a la imponente entereza de su hijo Tomás, Raúl restaura el que fue su hogar hasta el 1 de julio, día en el que la tragedia golpeó su vida. Sumido en una mezcla confusa de tristeza y desorientación, en compañía de un grupo de humildes albañiles, le da vida a la vivienda que fue testigo de los inolvidables momentos compartidos por los cinco.

“Los chicos –por los albañiles- captaron perfectamente la idea. Su trabajo fue perfecto. Yo quería tenerlos siempre presentes a mis hijos y mi mujer. Ahora, cuando con Tomás compartamos una cerveza y una charla en la terraza, los vamos a tener muy cerca nuestro”, comentó Raúl al diario digital Tiempo de San Juan.

La casa de Raúl González, en su etapa final de reconstrucción

Fue con ayuda del intendente Fabián Martín, Santiago Ceballos y todo el equipo de la Municipalidad de Rivadavia que puede remodelar el edificio. Materialmente se salvaron muy pocas cosas y fue prácticamente empezar de cero. La habitación en la que su esposa e hijo encontraron la muerte desapareció y se convirtió en una terraza en la que hay tres tragaluces de pavés de distintos colores: el azulado recuerda a Mariano, el rosado refleja a Sol y el verde evoca a Roxana.

Raúl soldando la reja del frente de su casa.

El cambio es total, pero los sentimientos permanecen intactos. Las postales del horror quedaron en la memoria y, en medio del dolor, Raúl optó por resurgir una casa que conservará para siempre las carcajadas y buenos momentos junto a su familia.






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