El referente del pop art cumplirá 60 años y este fin de semana inauguró una muestra en Buenos Aires.


La muestra individual de Marcos López “In-Continente”, una arqueología del artista y su obra que él mismo describe como “un ejercicio catártico de acumulación y diálogo”, se expone hasta el 31 de mayo en la porteña galería Rolf Art.

La exposición de López abre con una revisita a su pieza más icónica, “Suite Bolivariana”, expuesta junto a sus trabajos más tempranos y sus obras más relevantes, cargadas de exuberancia, color, collages, dibujos y cuadernos, donde muestra su estética de pop latino (como él denomina al pop art) enfatizando las convergencias de la globalización en la escena latinoamericana y local.

“Al pop latino le agrego el surrealismo criollo y al barroco churrigueresco cuzqueño le agrego el neobarroco digital subtropical pampeano. Llenar el espacio por el solo placer de abarrotar. Sobresaturar de consignas. Llenar los silencios con frases hechas. Chistes obvios”, comenta López acerca de su obra.

Télam: ¿Cómo se estructura tu muestra y cuánto tiempo te llevó idearla?

– Marcos López: La muestra no tiene estructura. Fue y sigue siendo un ejercicio catártico, de acumulación y diálogo entre obras de distintos soportes, formatos y técnicas, desde que comencé a tomar fotos en 1978 hasta ahora. Digo “sigue siendo”, porque pienso seguir agregando y sacando obras en la medida en que Florencia Giordana Braun, la directora de Rolf Art, esté de acuerdo. Creo que a ella le gusta el desafío. Me interesa trabajar con cierto riesgo, cierta improvisación. Toda la muestra es una acción curatorial con mi propia obra, ejercicio en el que pierdo la objetividad. Dentro del conjunto hay obras consagradas, convalidadas por la crítica, los curadores y las instituciones internacionales como “Criollitas”, o algunos retratos en blanco y negro. Y otras que terminé la semana pasada y no puedo afirmar si son buenas, regulares o malas.

– T: Pero, ¿cómo nace entonces la idea de hacer una “curaduría” caótica de tu propio trabajo?

– M.L.: De algún modo, esta exposición es una continuación de “Debut y despedida”, la gran muestra que hice en el Centro Cultural Recoleta en 2013, de “Ser Nacional” en el CCK en el 2016, y la curaduría que hice en el museo Macro de Rosario en el 2017, donde intervine la obra de otros artistas. A un cuerpo envuelto en un colchón de Claudia Fontes, por ejemplo, le agregué una mesa de vidrios molidos. El objeto final se convirtió en otra obra. Cuando expongo no puedo evitar usar la pared como si fuera la tela de una gran pintura en blanco y cada obra una mancha de color, de forma. Las voy cambiando de lugar. Luego de mis exposiciones la pared queda con decenas de agujeros. No me gusta medir, ni usar el nivel de burbuja para chequear la horizontalidad. Cuando cuelgo me acuerdo de un personaje que, decían, andaba por Gálvez, el pueblo de mi infancia, “el loco del martillo”.

– T: ¿Qué piezas no podían faltar en esta muestra?

– M.L.: Todas las obras podían estar y cualquiera podía faltar. Cargamos dos taxi-fletes llenos de obras, objetos, colchones, esculturas, artesanías populares, y con la directora de arte Nadia Kosowsky y Giordana Braun nos pusimos a probar. Prueba y error. Hasta dos horas antes de la inauguración. Siempre hago lo mismo. Es como un huracán pasando por una aldea de una islita del Caribe. Siento el hecho de agregar y agregar como un pequeño ejercicio de rebeldía, de volverme un niño caprichoso. No me interesa la idea de ejes conceptuales, ni curaduría. Hay una frase que rescato del gran cineasta brasileño Glauber Rocha: “No me exijan coherencia”. A disfrutar que estamos vivos. Una fotos más arriba o más abajo, más roja o más verde, no le cambia nada al mundo.

– T: De ahí el título “In-Continente”…

– M.L.: Incontinente es alguien que no puede parar. Que cuenta sus intimidades a cualquiera que está en la sala de espera de un médico o en la cola donde se pagan las multas del auto. Tiene que ver con el desmadre. Con la idea de todo vale. Una especie de kick boxing mezclado con lucha libre mexicana. Y tiene otra lectura, que es un continente al revés. Inspirado en la América del sur al revés, de Joaquín Torres García.

– T: ¿Pensás que tu obra impulsa una toma de consciencia sobre las diferencias sociales?

– M.L.: No. Mi obra nada más puede hacer que el espectador mueva una emoción, se sienta acompañado, despierte ternura… que los pensamientos que están en el lado izquierdo del cerebro se muevan al derecho… Creo que puede despertar un sentimiento de libertad.

– T: Con las miles de fotos que circulan por las redes, ¿qué rol tiene hoy día la fotografía?

– M.L.: Lo que hay ahora ya no se puede llamar fotografía. Es otra cosa. Algo así como una transmisión en vivo permanente. Somos cyborgs, mitad hombre mitad aparato electrónico. Por suerte el año que viene me jubilo y me voy a dedicar a meditar, cantar mantras y cuidar las rosas en un ranchito que tengo en Colastiné, cerca de Santa Fe, a media cuadra de donde vivía el escritor Juan José Saer.

La muestra “In-Continente” podrá visitarse de lunes a viernes de 11 a 20 hasta el miércoles 31 de mayo, con entrada libre y gratuita.


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