Son 19 alumnos en total y viven en las cercanías del arroyo Yabebiry. Cada día, montados a caballo, realizan entre siete y diez kilómetros para ir a estudiar.


Un aula satélite es una “escuela pequeña” que, a su vez, depende de otra escuela más grande. Por lo general, las aulas satélites suelen constituirse en lugares remotos y de ahí dicha dependencia. La Escuela n°113 “Maximino Ibarrola” de Mártires tiene también su aula y ésta se ubica a dos kilómetros del área urbana, casi sobre la costa del Yabebiry.

Los alumnos de la escuela núcleo son 195. Los del aula satélite, en tanto, son diecinueve. Todos asisten siempre a clases, llegan bien temprano y a caballo. Claro, las distancias en las zonas rurales se hacen mucho más extensas: viven hasta diez kilómetros alejados de la escuela. Existe una particularidad entre ellos y es que son todos varones, a excepción de la hija de una de las maestras quien acompaña a su mamá –desde San Ignacio– y también asiste a clases en ese lugar.

En su momento, se había presentado la posibilidad de cerrar las puertas de la pequeña escuela, pero sus funciones continúan desarrollándose gracias a las maestras y el apoyo constante de los padres de los chicos. Todos ellos son de bajos recursos y al complicárseles el trayecto mismo hasta el aula satélite, de cerrarse tendrían que realizar un recorrido aún más largo, lo que inclusive podría provocar que los alumnos abandonen la escuela.

Según lo explicaron las docentes, las clases comienzan a las ocho menos cuarto de la mañana y, si los chicos tuviesen que llegar hasta una casa de estudios más alejada, no podrían cumplir horario. A esto agregaron que la mayoría ni siquiera cuenta con celulares o relojes, por lo que para guiarse y llegar a tiempo utilizan únicamente la ubicación del sol.

Dentro del aula se ocupan grandes paredes que funcionan como pizarrones. Se dividen en dos y los alumnos, según corresponda, copian sus tareas desde la que se les especifique. En diálogo con el diario Primera Edición, la directora de la escuela, Alicia Balaiche, indicó que todos los chicos tienen buen nivel y que los maestros rurales se esfuerzan siempre para que “no queden fuera del sistema”.

En lo que a materia de seguridad respecta, como era de esperarse en una pequeña escuela de estas características, los ataques de vandalismo son lastimosamente habituales. Las docentes precisaron que los robos forman parte de una constante debido a que el edificio se encuentra en una zona poco poblada. “Lidiamos permanentemente con eso. Cuando no encuentran nada para robar, nos encontramos con el desastre de los libros y el material didáctico roto”, afirmó la directora.

El edificio del aula satélite rural fue, anteriormente, el mismo de la Escuela núcleo –la n°113. Cuando las instalaciones de la institución esperaba por un nuevo edificio, pasaron a dar clases en un salón del municipio que, además, estaba destinado a usarse como sala velatoria.

En 2015 se inauguran dichas instalaciones y, justo al lado, cuentan con el predio del Nivel Inicial. A pesar de ello, los 195 chicos que asisten no cuentan con la cantidad de aulas para cada grado. Por ello es que se decidió dividir la cursada en dos turnos que son debidamente cubiertos por las mismas maestras, quienes a su vez se desplazan a diario hasta allí desde otras localidades, con el único propósito de dictar clases y brindarles la contención necesaria a los chicos del aula.





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