Mariana Cataldo se desempeña en el Centro de Salud de la Villa 25 de Mayo, en San Rafael. La profesional dio detalles de su experiencia.


Mariana Cataldo, profesionalmente asumió un desafío: convertirse en una de las pocas choferes-enfermeras de Mendoza.

Mariana tiene 34 años, remarcó “Nunca sentí que existieran diferencias en mi profesión respecto de los varones, cobramos sueldos iguales, tenemos las mismas obligaciones y derechos y realizamos el trabajo por igual, sin distinción”.

Su servicio lo cumple en el Centro de Salud de Villa 25 de Mayo, de San Rafael, departamento donde reside desde hace diez años con su esposo y sus dos hijos. Comparte servicio con cuatro compañeros más, todos ellos varones.

Mariana Cataldo tiene 34 años, en unos días celebrará un nuevo año de vida y asegura estar viviendo uno de los mejores momentos personales

Mariana nació en La Consulta, San Carlos, donde iene tres hermanos –dos varones y una mujer– y su vocación de servicio la descubrió desde chica. Si bien su sueño era convertirse en médica, la situación económica de su familia no le permitió estudiar la carrera.

“Era mucho el gasto que había que afrontar, alquilar un departamento en Mendoza, libros y demás, por ello, preferí quedarme en el departamento y estudié la Carrera de Enfermería Profesional del IES Valle de Uco. Hace diez años que ejerzo la profesión en San Rafael y soy completamente feliz ayudando al prójimo”, comentó.

La idea planteada por el doctor Abel Leonardo Freidemberg, quien le propuso el desafío, era darles a los diferentes distritos del departamento la posibilidad de contar con una guardia que funcionara las 24 horas con chofer-enfermero.

“El qué dirán y la mirada ajena eran algunas de mis mayores dudas, sin embargo, al asumir el compromiso, entendí que todos esos prejuicios que tenía en mi cabeza no existían. Fui muy bien recibida por mis pares y por la sociedad, en general, y eso me empuja a continuar desafiando a la profesión”, definió su situación.

“Me llevó mucho decidirme, porque lo vivía como un verdadero desafío, pero me encantan los retos y por ello acepté. Obvio que lo conversé con mi familia, que desde un primer momento me apoyó, y no me arrepiento de haber aceptado. Soy feliz haciendo esto y sirviendo al otro, y la repercusión de mis colegas y la sociedad entera ha sido favorable”, comento Mariana en diálogo con El Sol. 






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