Un documento entregado al Sumo Pontífice en 2014 demuestra que la Santa Sede estaba al tanto de los vejámenes y el traslado del cura a Mendoza. 


El 20 de octubre de 2014, llegó a manos del papa Francisco una carta inquietante; desde Verona donde se encuentra la sede principal del Instituto Próvolo, en pocas palabras le advertían sobre los religiosos que “no respetan la tolerancia cero” contra los abusos en la Iglesia. Entre los nombres de los curas abusadores y el destino de ellos; aparece Nicola Corradi (83), hoy detenido en Mendoza. Envuelto en uno de los casos más graves de pedofilia, con abusos sexuales reiterados y tormentos físicos de todo tipo sobre menores hipoacúsicos. 

En el documento al que accedió diario MDZ se menciona a 14 sacerdotes, entre ellos, Corradi, “residente en Argentina”. En ese momento, el cura ya había sido acusado por abusos sexuales en Verona, había sido trasladado a La Plata y, posteriormente, llegaría a Mendoza, donde está detenido con prisión domicialiaria debido a su estado de salud.

Los abogados a quienes se identifican como víctimas de esta institución vinculada a la Iglesia Católica consiguieron el material que se suponía que existía, pero que no habían podido acreditar en el expediente; en otras palabras con éste documento queda demostrado que la Santa Sede con el papa Francisco como representante máximo conocían el historial de acusaciones gravísimas sobre los religiosos.






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