Con gol de Ramírez, de penal, la T derrota a Belgrano en el clásico en un Kempes con un gran marco de público.


La emoción de la salida de los equipos, los papelitos que retrasaron el inicio, el saludo de ambos técnicos conocidos por su pasado en Newell’s. Pero en las tribunas, el clima del clásico se dio desde antes. Los duelos entre fanas de Talleres y de Belgrano en forma de cantitos y chicanas bien futboleras estaba a la orden del día.

Y desde el inicio nomás, con algunos manotazos de Menosse, defensor pirata con algunos delanteros albiazules, le puso pimienta de entrada al juego. Luego de ese escarceo inicial, hubo algunos avances que despertaron la ilusión de ambas parcialidades pero sólo se quedó en eso.

Desde el juego, ni la T ni la B, despertaban expectativas. Algunas corridas de Ramírez, algún disparo del mismo volante eran el camino elegido por Talleres. Algunas apariciones sorpresivas de Suárez o, en la primera llagada clara, a los 21 del inicio con un desborde de Balboa que tiró el centro para que la empujen y nadie lo hizo fueron las armas de Belgrano.

Y los nervios y la ansiedad por llegar rápido a posiciones de ataque le empezaron a jugar en contra a los dos equipos. Y empezaron a aburrir a todos. Porque los pases no tenían buen destino, porque se empezaron a abusar de los pelotazos, porque los que tenían intenciones de jugar eran absorbidos por la marca. Y el denominador común fue la chatura de un lado y del otro.

La calidad de lo que se estaba viendo desde las tribunas era baja. Pero, en el final de la etapa, se encendió Talleres. Una pelota de Maroni a Ramírez que llegó antes a la pelota, Rigamonti lo bajó. Rapallini cobró penal y el mismo volante hizo explotar al público albiazul con un zurdazo tremendo, inatajable.

Y así son los clásicos. Ninguno de los dos había hecho mucho mérito para merecer irse al descanso ganando pero la T aprovechó el momento y pudo cerrar mejor la etapa.






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