Una charla con Mercedes Morán



La actriz trae sus recuerdos a Córdoba, en Ay amor divino.

Por Gonzalo Toledo.

Mercedes Morán regresa a Córdoba, esta vez para presentar su unipersonal Ay amor divino, una obra en la que deja un poco al lado los personajes, para compartir anécdotas y recuerdos de su vida.

La función será en el Teatro Real, este domingo a las 20 y las entradas van desde los 436 pesos hasta los 600 y se pueden comprar de manera anticipada en las boleterías de la calle San Gerónimo 66 y en Autoentrada.com.

“Dejo de lado la actriz, sólo apunto a ella para hablar de la fortuna de descubrir la vocación o de la felicidad que me otorga actuar. Pero la identificación resulta de cómo me vinculé con los otros, de cómo me intervinieron los miedos, de lo que me sucede con el paso del tiempo,las cosas que nos suceden a todos”, anticipa.

Veamos que nos cuenta de esta obra que lleva su texto y que tiene la dirección de Claudio Tolcachir.

–¿Cómo fue el proceso para llegar a la obra?

–El proceso para llegar a la obra fue muy natural, la primera decisión fue preguntarme de qué tenía ganas de hablar y pensé que me gustaría hablar sobre cómo me sentía hoy con el tema del paso del tiempo. Enseguida caí en la cuenta de que para hablar de cualquier tema desde el hoy, debía comenzar por el principio, es decir contar cómo me había construido en esta persona que soy. El principio era mi infancia, y por ahí comencé, literalmente. La primera frase del espectáculo es “yo nací tal día…” Ese recorrido cronológico hablaba en sí mismo del paso del tiempo. Después seguí escribiendo momentos de mi vida sin orden cronológico y después que tuve unos cuantos relatos me di cuenta que el tema era en realidad el amor en todas sus maneras y como ese sentimiento me había intervenido en mi vida, a veces para salvarme y otras para condenarme.

–¿Cómo organizaste esos recuerdos, para escribirlos?

–Más tarde llegó la etapa de organizar los relatos… seguí en forma cronológica y cada tanto daba saltos de tiempo hacia adelante, respetando un poco la dinámica de conversación o diálogo con el público, para darle un carácter más teatral… tanto el director, como la asistente de dirección fueron fundamentales en la organización del relato. Y obviamente fue Tolcachir, quien definitivamente, en el proceso de ensayos quien terminó de darle un lenguaje dramático.

– En un pasaje, contás que te flagelabas por un “pecado” ¿cómo te llevás con la culpa?

–Siempre estuve lidiando con la culpa, el tener una educación católica y ser mujer, en esta cultura no ayudan demasiado a liberarse de ella. Es una batalla que aún continúa.

Mercedes Morán

–¿Todo se puede contar o hay cosas que deben quedar en el interior de una persona?

–Nunca es posible contar todo, aunque tengas la decisión de hacerlo. Tampoco se hizo necesario, nunca viví esto como un confesionario, pero sí hubo una necesidad de ser muy honesta y sincera. De todas maneras, queda claro que es mi mirada, con toda la subjetividad que ella tiene.

–Cambiando de tema ¿podés contarnos algo de El Ángel?

– Termine de rodar El ángel hace ya dos meses. Fue un rodaje muy gozoso para mí. Admiro mucho a Luis Ortega, hace mucho tiempo que teníamos ganas de compartir un proyecto y cuando leí el guión quede fascinada. Creo que va a ser una gran película. Y que el actor que encarna a Robledo va a ser una revelación.

–¿Planes para el futuro?

–Me esperan dos películas que me tienen muy entusiasmada, en febrero comienzo el rodaje de Amor a última vista, que dirigirá Juan vera, con Ricardo Darin. Es una comedia romántica muy hermosa, con mucho encanto y súper sensible. Y luego haré una película en Chile, que dirigirá Andres Wood. Y estoy a la espera de dos que se estrenarán el año que viene: Sueño Florianopolis, una comedia de Ana Katz y Familia Sumergida, ópera prima de María Alche.