El tenor viene a Córdoba, pero antes nos cuenta cómo fue dar el paso a vivir de la música, a los 34 años.


Junto con la mezzosoprano Vera Cirkovic, Darío Volonté viene a cantar una vez más a Córdoba, en la semana de Mayo, a la que le pondrá su voz a Aurora.

El concierto será este sábado, a las 22 en la Sala Mayor del Teatro Ciudad de las Artes y además de la canción patria ofrecerá pasajes de obras populares de Puccini y Verdi.

Las entradas cuestan 437, 546 y 655 pesos, en boleterías de Ciudad de las Artes y en Autoentrada.com.

Al final de una larga conversación con Darío Volonté, en la que hablamos de la popularidad de lo clásico y de los bellos teatros que hay en muchos rincones de la Argentina, le preguntamos esto: -Por pura curiosidad, una última pregunta que te lleva al principio: ¿cuándo empezaste a cantar?

-Empecé a cantar en los coros de la Iglesia, hacía partes de solista. Y empecé a tomar conciencia de la voz un día que vino Plácido Domingo, en el ’81. Yo estaba de licencia médica en la Marina, en cama con varicela… me enfermé en medio de la licencia de invierno, que eran 15 días, en realidad. Estaba en la cama y vi el programa de Gerardo Sofovich, Polémica en el Bar, y venía Plácido Domingo que estaba cantando Otello, en el 81 en el Colón. Entre bloque y bloque pasaban Alma de bohemio, un disco de tango que había grabado Plácido mientras estaba acá. Ahí, probando los agudos y todo me di cuenta de que tenía una voz, que tenía conciencia de una vocalidad. Ahí empezó todo, un poco y después siguió el camino, cantando en un lado, cantando en el otro. Después empecé a estudiar canto y todo se fue sumando.

-¡O sea que empezaste mirando Polémica en el Bar!

-Una parte, sí. La otra fue cantando en la Iglesia, empezando a probar partes de solista que me daban dentro de los cantos.

-¿Eso era de niño?

-No, no. De niño no, ya tenía 18 ó 19 años. Profesionalmente empecé a cantar grande; la primera vez que ya me pagaron fue en el Teatro Avenida, que debuté con la zarzuela Luisa Fernando, en el rol de Javier Moreno, que es el principal.

-Qué bueno, saber esto. Porque a veces uno tiene la imagen, la idea, de que una persona que se dedica al canto lírico o al baile, arranca de muy chiquito y en tu caso, no.

-No, en mi caso, no. También ha habido cantantes que arrancaron más tarde que yo. Arranqué a los 31 años y trabajé hasta los 34, paralelamente a mi trabajo de fletero, de transportista. Hacía mudanzas, entre otros laburos que hice en esos 11 años, en los que hacía mudanzas, transporte de heladeras, pianos y todo ese tipo de cosas. Del ’94 hasta el ’97 trabajé paralelamente mientras cantaba y no dejaba el flete. A fin del ’97 viajé a Europa y empecé a probarme allá. Empezaron a darme laburo allá y a mitad del ’98 decidí vender la camioneta y ahí fue un gran paso. Fueron tres días que quedé medio sacudido porque era una decisión de dejar atrás un mojón en mi vida, de haber vivido una cosa y empezar a vivir del canto, a los 34 años.

-Y vivir de la canción, vivir del arte.

-Claro, vivir de este trabajo que a uno le parece siempre milagroso… como viene de otros trabajos. Capaz que otro, que viene de un conservatorio o viene de chico cantando, medio como que lo tiene naturalizado, pero cuando venís más de grande es como que lo valorás de otra manera porque uno se ha ganado la vida de otra manera. Cantar es una cosa que siempre se valora y ha tenido una cosa de milagro.


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