Por Carlos Sacchetto 


La semana de cierre de 2016 estuvo cargada de acontecimientos y definiciones fuertes, pero lo más revelador es que dejó armados con precisión los dos principales escenarios donde se van a dirimir las cuestiones más conflictivas del año que se inicia: la economía y la Justicia. Si a eso se le agrega que 2017 será un año electoral, en el que la lucha por las porciones de poder dibujará un colorido telón de fondo, tenemos ya asegurado un espectáculo político de mucha agitación.

En algunas áreas del Gobierno consideran que el alejamiento de Alfonso Prat Gay de lo que era el Ministerio de Hacienda y Finanzas, y los detalles del procedimiento que se utilizó para presentarlo ante la opinión pública, ya es una cuestión terminada y anecdótica. Podrían equivocarse. El ex funcionario es un economista con ejercicio de la política y, si bien en su conferencia de prensa de despedida ratificó que su espacio es Cambiemos, nadie puede asegurar para el futuro su permanencia allí.

Las diferencias que tuvo, en especial con el equipo de la jefatura de Gabinete que integran Marcos Peña, Mario Quintana y Gustavo Lopetegui, no se limitaron a cuestiones de funcionamiento burocrático. Como se explicó la semana pasada desde esta columna dos días antes de que se produjera el desenlace de la renuncia, la situación de incomodidad en el Gobierno estaba atravesada por criterios diferentes de gestión.

Amigos del ex ministro sostienen que si se insistiera en profundizar las causas de esas disidencias, se llegaría a pensamientos políticos con pocos puntos de contacto. Esas fuentes hacen una comparación que no resulta inocente: “Es como lo que sucede con el embajador en Estados Unidos, Martín Lousteau. No son del Pro ni lo serán”. La idea deja flotando una pregunta: ¿Prat Gay y Lousteau serán candidatos que enfrenten a los del Gobierno?

La prueba

La economía seguirá siendo desde mañana el mayor desafío para la gestión de Mauricio Macri. Las respuestas a las expresiones de deseos y a los pedidos de mayor paciencia quedarán reflejadas en los cómputos electorales y eso será determinante para el Gobierno a la mitad de su mandato. Al nuevo titular de Hacienda, Nicolás Dujovne, se le fijó como objetivo una sensible reducción del déficit fiscal. Pero achicar el gasto en un año en que el oficialismo pretende y necesita ganar los comicios legislativos no será una tarea sencilla, por más que una mejora de la actividad contribuya a incrementar los ingresos.

Con una mayor fragmentación del manejo de la economía, ya que ahora son siete los ministerios del área, el Presidente reserva para sí la facultad de las decisiones pero ahora prácticamente sin fusibles. Lo sucedido con Prat Gay, y la manera en que se hizo, reafirmó la autoridad del jefe de Estado pero también un estilo de conducción. Los integrantes del equipo tienen poco margen para sobresalir del conjunto por sus capacidades individuales.

El otro escenario que nos dio un dramático adelanto de lo que vendrá es el judicial. Con tres días de diferencia, la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner recibió dos noticias demoledoras en causas de fuerte repercusión política. En la primera fue procesada bajo la acusación de ser parte de una asociación ilícita que direccionaba la obra pública hacia las empresas de Lázaro Báez, y se le aplicó un embargo por 10 mil millones de pesos.

En la segunda, la reapertura de la denuncia del fallecido fiscal Alberto Nisman la ubica en el centro de una investigación para determinar si puso o no en marcha un plan delictivo para encubrir al gobierno de Irán en el caso del atentado a la AMIA. El balazo en la cabeza de Nisman agiganta las sospechas.

Contra todos

La situación de la ex presidenta no se limita a sus problemas personales. Mantiene gravitación política en los sectores más duros de la oposición, aunque eso no la favorezca frente al grueso del peronismo. Las encuestas más confiables siguen dándole alrededor del 25 por ciento de imagen positiva, pero eso no significa que sea trasladable a la intención de voto. Ella no ha hecho especulaciones al respecto, pero algunos de sus seguidores admiten que la estrategia sería ir como candidata a diputada nacional por la provincia de Buenos Aires.

De ese modo evitaría competir por una senaduría con Sergio Massa del Frente Renovador y, eventualmente, también con Elisa Carrió, de Cambiemos. De manera previa deberá quedar saldado el debate dentro del peronismo, que hoy presenta varias vertientes como consecuencia de actitudes más o menos colaboracionistas con el gobierno de Macri. Es justamente en territorio bonaerense donde se observa el fenómeno más agudizado, ya que la gobernadora María Eugenia Vidal se ha dado una política de alianzas estratégicas que incluye a no pocos intendentes peronistas.

Por ahora, y frente al cerco judicial que se va estrechando, Cristina sólo ha optado por victimizarse y acusar como autores de sus penurias al Gobierno, a la “Justicia corporativa”, a los medios y a la derecha internacional. Explicaciones sobre los hechos concretos que la involucran, no ha dado. Quienes quieren renovar el peronismo para volver a ser una opción de poder, prefieren situarse lejos de su influencia.

Así como la gran mayoría de los argentinos opina que 2016 ha sido un año difícil, por los antecedentes con que llegamos hasta aquí nadie asegura que 2017 será radicalmente distinto. Pero existe la esperanza, y por ella brindamos. ¡Feliz año nuevo para todos!


En esta nota:

Mauricio Macri


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