La aparición de la primera generación de hermanos en casi 40 años está cambiando la sociedad del gigante asiático. 


Mientras Haiyan prepara la cena, su hijo, Semio, corretea por la casa tratando de llamar su atención. Está embarazada de 5 meses, y el pequeño empieza a ser consciente de que pronto las atenciones dejarán de recaer sobre él de la manera en que lo han hecho hasta ahora. Es época de cambios para esta familia de Shanghai, de la misma forma que lo es para el conjunto del país, que en los últimos años ha experimentado una rápida transformación.

Semio, nacido en 2005, formaba parte —hasta ahora— del conjunto de generaciones nacidas y crecidas sin hermanos desde que en 1979 entrase en vigor la política del hijo único. Ahora, su hermano o hermana pasará a formar parte de la primera generación nacida tras el fin de la ley, cuya retirada se anunció en octubre de 2015 a través de la agencia oficial de noticias Xinhua.

“Nunca me planteé tener otro hijo” señala Haiyan, que espera dar a luz a su segundo bebé a final de año. Su embarazo ha sido inesperado y ha llegado justo en un momento en el que tenerlo no le supondrá ninguna consecuencia. Fengyin, su marido, consultó a un amigo abogado si tendrían algún problema y este los tranquilizó. Su embarazo ya está dentro de los plazos legales. “Si hubiésemos tenido que romper la ley, lo habríamos hecho, pero sentiríamos que nos decepcionamos a nosotros mismos y a nuestro país. Siempre nos ha gustado respetar las leyes y ser buenos ciudadanos, por lo que nos sentimos muy aliviados al saber que estamos haciendo lo correcto”.

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