La vida por los colores: el recuerdo de la hincha de Talleres que murió en la ruta



Cintia y Sebastián Pereyra no olvidan a Lucrecia, la hermana que falleció cuando iba en viaje a ver a Talleres en 2014, que peleaba el ascenso. A tres años, un homenaje a una hincha de ley.

Julio Moya

“Hace tres años, desde que murió, que no entro a esta habitación”, dice Cintia Pereyra a Día a Día. Cintia es la hermana/prima-hermana de Lucrecia. Lucrecia vivió allí. Y Lucre ya no está después de aquel fatídico accidente yendo a ver a Talleres en Junín, el 13 de noviembre de 2014 por la chance del ascenso del Federal A a la B Nacional. Hoy, a tres años de esa desgracia, el cuarto tiene el olor del encierro, con recortes de diarios de jugadores y banderas de color azul y blanco sobre las paredes, casi asaltadas por la humedad. Pero los pedazos de recuerdos se aferran allí, como si el espíritu de ella les renovara la cinta adhesiva para que no se desprendan nunca.

Cintia se sienta en la cama que fuera de su hermana junto a Sebastián para hablar de Lucre, de “Lulú”, de “Looly”. Del acolchado brotan los pelos de su perro que, llamativamente, interrumpió el diálogo con sus ladridos cuando hablábamos de su ama que ya no está.

“Es muy fuerte ver estas paredes”, dice Cintia. Sebastián mira perdidamente a la cortina que su hermanita supo hacerse con vuelos de telas azules y lunares blancos. Cortina de Talleres. Paredes de Talleres. Corazón de Talleres. Recuerdos de esa locura por Talleres.

Hoy aún es inevitable meterse en el Facebook “Looly Talleres” y ver las muestras de afecto de sus amigos en la red. El testimonio de su presencia se mantiene vivo.

El juego del destino. Todo se confabuló de una manera cinematográfica. Lucre trabajaba en la cantina de una escuela, no tenía mucho dinero y el partido se jugaba un jueves. Imposible viajar. Pero se anunció paro en la escuela. Su hermana le dio dinero y ella había conseguido cómo ir en auto porque la invitó un amigo. “Encima nos vimos la noche previa y al otro día me mensajeó de que se había dormido. Pero consiguió que la esperaran en un lugar y llegó volando en un remis”, recuerda Cintia. Pequeños mensajes del más allá, quizás, del “no viajes”. Pero Lulú era “enfermita”, amaba a la T. Talleres se jugaba una chance de ascenso a la B Nacional en Junín, ante Unión de Mar del Plata, que finalmente fue derrota 1-0 y ¿cómo se lo iba a perder?

La crónica policial indicó que el siniestro ocurrió alrededor de las 10 en el kilómetro 616 de la autopista Córdoba-Rosario, cuando un Fiat Palio colisionó de atrás contra un camión Ford, del tipo mosquito. Luego el auto pegó contra un guardarrail. Lucrecia Pereyra, de 23 años y Néstor Ezequiel Martínez de 21 perdieron la vida, informó la Policía. Ambos viajaban en la parte posterior del auto (“se habría desprendido el tubo de gas que los terminó aplastando”, rememoró Cintia).

Oscar Edgardo Espel (56) de Villa Páez, Osmar Rodríguez (50) de Los Álamos Anexo, y Osmar Rodríguez (hijo, 19) eran los otros ocupantes que resultaron ilesos. “Yo escuché en la radio la noticia y la empecé a mensajear. No me daba su teléfono. Después nos enteramos por los hinchas que era el Palio rojo”, recuerda con un nudo en la garganta su hermano Sebastián Pereyra.

“Ella me había contado que habían parado a desayunar y que tenía un poco de sueño, que se iba a poner a dormir. Eso fue a las 9.45 y el accidente fue a las 10. Fue el último contacto que tuve con Lulú”, agrega Cintia.

El amor después del dolor. Rodrigo Escribano, titular del Fondo de Inversión en esos momentos, hoy vice de la T (el domingo posterior Andrés Fassi ganó las elecciones en el club) fue el primero que se hizo presente en el lugar del accidente junto al otro de los vices Cacho Quiñones, entre otros dirigentes.

“Fue tremendo, un duro golpe para todos. Yo aún me mantengo en contacto con la familia. Hay una plaqueta que le ofrendamos en la tribuna de una de las canchas del predio a los dos hinchas”, dice Quiñones. “Nos partió el alma, casi no tenía nada de sentido el resto”, agrega.

Cintia es muy contundente al hablar de los dirigentes de Talleres: “se brindaron por completo, nos llamaron de recursos humanos, nos pagaron el sepelio, nos acompañaron siempre y a hoy lo siguen haciendo. Estamos muy agradecidos por todo lo que hizo el club y cómo dijo presente en ese momento tan duro para la familia”. Los jugadores se conmocionaron con la noticia en la previa. Salieron con una bandera y todo iba hacia lo peor: que el mal trago se trasladara a lo deportivo. Y así fue. La habitación parece fermentar en el aire todos los recuerdos que se hacen presentes.

Parece que nos hubiéramos metido todos los allí presentes, en esa habitación, en la película de la vida de Lucrecia, dura por cierto, pérdida de su madre incluida. “De la cuna al cajón, nos decía ella”, agrega Cintia y Sebastián se quiebra, baja la cabeza hacia la bandera que siempre llevan al Kempes para no olvidar a Lulú. La tristeza es como una cebolla. Por sus distintas capas, cada una de ellas genera un sinfín de otras emociones. Es lo que pasa en ese cuarto, donde hasta en la puerta dice “Talleres”.

“Morir por Talleres fue la mejor muerte que ella habría deseado”

Ese dolor se hace frase y todo termina en el mismo destino: Talleres. La partida de Lucrecia Pereyra, justo hoy a tres años, rompe quizás con los parámetros que encierra una frase letal de su hermana Cintia (en realidad es prima hermana, aunque casi la crió a Lucrecia como una hermana menor): “Morir por Talleres fue la mejor muerte que ella habría deseado”. A la luz de lo que devino luego, su hermana refuerza la idea para que, así de suelta, no sea un golpe al mentón: “Ella, de la forma en que murió y que fue homenajeada, creo que mucha gente desearía morir así. Nosotros cuando íbamos al cementerio, estaban todos los chicos del barrio con redoblantes y banderas como si fueran a la cancha, y la iban a acompañar. Yo, cuando terminó todo, pensé: ‘qué lindo que la despidieron’”.

Sebastián siente que le arrancaron un pedazo del corazón. Cintia está casada y vive en otro lado. Y allí está él, que años atrás también perdió a su mamá (su papá formó otra familia) y lo que le quedaba de lazo bajo el mismo techo era Lucrecia, que está presente en esa habitación plagada de recortes y de escrituras con lapiceras en las paredes. “Me dolió en el alma perderla, pero eso que pasó con los hinchas fue muy lindo. Vamos al cementerio y su tumba está escrita y llena de calcomanías de gente que no sabemos que van a verla”, completa.

El sonido del golpe. Los testimonios que se escuchan o se leen aún a tres años de la muerte de Lucrecia y de Néstor son realmente de alto impacto. “La verdad que nadie se acuerda de esas cosas. Yo estuve en el velorio. Me acuerdo que viajé a Junín a ver el partido y pasamos por el lugar del accidente. Fue un golpe muy duro para todos”, recuerda Gabriel Incardona, integrante de Cultura Albiazul, uno de los grupos más activos para “no olvidar” a nadie en Talleres.

Esa locura los contagia y traza lazos paralelos en personas que se hacen amigas y hasta familias sólo por ir a ver a la T. Cabe aclarar que. para esta nota, respetuosamente, el resto de los protagonistas por distintas razones eligió no “revolver” otra vez aquel lamentable episodio.

Pero, para los hermanos de Lulú, hablar del tema aunque es muy duro para ellos, tiene ciertas características casi “balsámicas”. Igual no hay alivio nunca. “Era tremenda la Luly. Cuando perdía Talleres se iba al baile de la Mona para poder superar la amargura y volver a casa feliz”, recuerda Sebastián. “En el velorio fue un desfile de hinchas de Talleres, gente de otros clubes, hinchas de Belgrano vinieron a darnos el saludo y a despedirla. No se puede explicar la locura de los hinchas”, completa Cintia.

No hay mejor ejemplo de amor a los colores. De dar la vida por los colores. De que el destino meta su cola en todo este asunto, pero que no quede nada librado para que haya consecuencias “milagrosas”, bajo la reflexión de los que aún quedan en este plano. “Yo había dejado de ir a la cancha. Después que murió la Lulú volví, me hice socio y vamos al lugar donde ella iba”, dice muy emocionado Seba.

Mientras, Cintia, lo cuenta con más ternura aún: “nosotros seguimos por ella porque ahí está ella. Siempre le pido y le rezo en la cancha que hagamos algún gol. O cuando tenemos un tiro libre en contra siempre digo: “Lulú, a las manos de Guido (Herrera)”. Sabemos que ella está ahí en cada partido, en el Kempes. Siempre”.

Looly, el emocionante último posteo de Facebook que dejó con sello albiazul

El último posteo de Looly Talleres, Lucrecia, que mostró toda la felicidad de poder revertir la chance y viajar a Junín a ver a la T. Fue hace tres años. Y se convirtió en uno de los más compartidos por los hinchas de Talleres que lograron una red de oración y de buenos deseos para la familia en un momento tan difícil y duro para todos. A partir de allí, en días posteriores y hasta hoy son incontados los recuerdos de amigos, de fotos “inéditas” para los familiares que aparecen por su cuenta de Face, aún abierta y que no ha dejado de tener actividad gracias a los que quisieron a Lucrecia y la conocieron. Un verdadero y sentido homenaje a su devoción por el Matador.

Agustín Díaz: nos dolió mucho y debimos darles esa alegría

Agustín Díaz fue uno de los jugadores referentes de aquel equipo que se jugaba el ascenso ante Unión de Mar del Plata en cancha de Sarmiento de Junín y finalmente el jueves 13 de noviembre de 2014 fue derrota 1-0 (gol de Joel Amoroso). Y el Tin recordó el hecho, algo que sintió los condicionó en algún aspecto.

“Estábamos en el hotel esa mañana y nos llega la noticia del accidente. Después, con el correr de las horas nos enteramos que Néstor y Lucrecia habían fallecido. Fue muy triste porque uno siente una especie de culpa porque viajan para ver el partido, a uno, los jugadores que somos los protagonistas, te toca un poco más profundo”, recordó Agustín. Y, de las imágenes del partido tiene muy fresco el recuerdo de cuando se formaron antes del encuentro.

“Salimos con esa bandera que nos alcanzaron y pensando en ellos. Después no nos fue como esperábamos y duele el doble”, comentó de lo sucedido el ex capitán de la T. “Debimos haberle dado esa alegría a los hinchas por ellos y no pudo ser, sabiendo que no íbamos a paliar el dolor de la familia, pero por ellos”, concluyó.