Es mecánico. Buscando una salida económica, hace 10 años que recorre la avenida de Circunvalación salvando de apuros a los autos varados. Lidia con el miedo de la gente a pura simpatía y cobrando lo justo.

Por Lucía Pairola.

En el ingreso a Carlos Paz se ve un Corsita parado. Con el capó abierto y dos hombres subiendo y bajando herramientas. Al costadito, un matrimonio conversando con rostros de preocupación. La escena no dura más de 20 minutos. Pasado este tiempo, las caras cambian, las risas vuelven a ser protagonista y el abrazo cierra un trato que a simple vista es satisfactorio para ambos.

“Me voy feliz. Es un genio. Si no los encontraba acá me iba a pasar todo el día esperando la grúa y ni idea que más me esperaba”, cuenta Guillermo, un rosarino que de camino a Cosquín sufrió un infortunio y quedo varado en la ruta.

Asegura que la picardía y el “don” de gente de los cordobeses es lo que los salvó de perder sus vacaciones por un desperfecto mecánico.

“No lo vi nunca a esto. Y la verdad, muy honesto: puso el repuesto, lo vi arreglar el auto y me cobro muy bien”, sintetiza la experiencia un nuevo cliente satisfecho del “Ángel de la ruta”.

Desde hace 10 años, Andrés Arraiaga sale a detectar los autos que se quedan parados para ofrecer su ayuda. “Nosotros vamos dando vuelta y cuando encontramos alguien que está renegando con su auto, nos bajamos y les decimos que podemos arreglarlo. Si nos dan el sí, ellos evitan la grúa o los días en el taller mecánico”, detalla Andrés las características de su trabajo.

En relación a los beneficios del negocio, este ingenioso vecino de La Calera destaca dos claves: “La solución en el instante y que el cliente vea lo que hacemos”, dice reconociendo que en el rubro hay muchas “avivadas”.

Salida en dos ruedas. Andrés tiene 40 años, es Ingeniero Industrial y mecánico de oficio. Luego de muchos años de trabajar y recibir malos sueldos, se cansó. Se animó y pegó un volantazo.

“Estaba muy mal pago. La empresas se llenaban los bolsillos yo era un esclavo laburando sin que me alcanzara la guita”, comparte sobre aquellos momentos, y agrega: “Dije basta y decidí salir con el auto, una caja de herramientas y mis conocimiento a ver si cambiaba la suerte”.

Así fue como hace ya una década inició la aventura de poner en marcha su ingenio para ser independiente.

“Es difícil. Enfrentar las crisis, laburar mil horas, pero yo acá soy dueño de mi horario y del dinero que gano”, sentenció este cordobés que cuenta entre sus anécdotas haberle arreglado el auto al famoso Ricardo Fort o al Bahiano, de Los Pericos.

La dura inseguridad. El trabajo de Andrés comienza a las 8 de la mañana y puede terminar cerca de las 20. Recorre a diario la Circunvalación y la autopista Córdoba-Carlos Paz.

“Tengo miles de historias para contar, está el que te saluda contento, y el que ni te agradece; el que te paga bien y deja propina, y hasta el que te clava o queda en deuda”, comenta Andrés sobre el abanico de posibilidades que enfrenta con cada automovilista en problemas.

El trato diario con las personas lo lleva a ser una especie de “termómetro social viviente”. Dice que actualmente la preocupación más reiterada es la falta de efectivo, mientras que cree que la mayor dificultad para su trabajo es el miedo y la inseguridad. “Las personas te ven detenerte y algunas ni quieren hablarte. Les da miedo abrirte la ventanilla, piensan que les podes robar”, reconoce.

Pero este cordobés –ni lerdo ni perezoso– ha pensado una buena estrategia al problema de la intimidación: su hermano Faustino. “Así como me ves, medio viejito, petizo y flaco ayudo a la hora del negocio. Me subo con mi hermano al auto para mejorarle la cara a la empresa”, comenta entre risas Faustino a Día a Día al mismo tiempo que dispara una pregunta: “Me bajo yo… decime… ¿quién me va a tener miedo a mí?”.

En días habituales, estos mecánicos sobre ruedas logran auxiliar entre 5 y 7 autos, mientras que en temporada alta el número puede ascender a 50 vehículos.

“Yo estoy feliz con mi trabajo, me cansé de gatillar tantos impuestos, de que me paguen lo que quieran las empresas y que el Estado no nos devuelva nada”, resalta este mecánico en relación al cambio que no duda en destacar como “positivo”.

Para ellos, la ayuda a los clientes no sólo es por dinero, sino también encuentran la alegría de servir: “Soy creyente y muchas veces pienso en que le doy una mano a la gente que está en una situación complicada. Ayer, eran tres chicas y una nena en el auto. Me demore 5 minutos y sé que llegaron a su casa bien”, comparte Andrés entre miles de anécdotas que le valen sin duda el merecido mote del “Ángel de la ruta”.

Muchos viajeros creen que si por esas casualidades te lo encontrás, no dudes en aprovechar sus servicios. Ese día, estarías de muy buena suerte…