Una investigación de la UNC revela que el tumor más frecuente de Córdoba aumenta en los departamentos más pobres y menor ritmo de crecimiento.

Por Natalia Lazzarini.

Comida chatarra, sedentarismo y estrés. La mayoría de las investigaciones sobre cáncer de mama vinculan esta enfermedad con el desarrollo y la opulencia. Los estudios, realizados principalmente en países avanzados, aseguran que los casos aumentan en ciudades más urbanizadas.

Sin embargo, en Córdoba, nuevos estudios indican que la realidad es diferente. El principal tumor –que afecta a 65 mujeres por cada cien mil– se relaciona más con departamentos más pobres. Localidades más estancadas y mayor cantidad de necesidades básicas insatisfechas aumentan el riesgo de padecer cáncer de mama. En otras palabras: en los entornos de pobreza.

Así lo revela una investigación de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) publicado en diciembre del año pasado. Las investigadoras Natalia Tumas, Sonia Alejandra Pou y María del Pilar Díaz relacionaron las tasas de incidencia de cáncer de mama con los factores de riesgo, desde 2009 hasta 2011. Y encontraron que vivir en departamentos rurales, en localidades con menor ritmo de crecimiento y más pobres aumentan las chances de padecer este cáncer.

“Encontramos mayor incidencia en localidades estancadas en sus procesos de urbanización. Y esto va acompañado de muchas cuestiones. No sólo tienen menos recursos económicos. También son menores las oportunidades y el acceso a la información”, indica Natalia Tumas, una de las investigadoras.

Menor acceso. Los distintos factores de riesgo que comúnmente se asocian al cáncer de mama fueron tenidos en cuenta para esta investigación. La fecundidad (más precisamente cantidad de hijos) suele actuar como protector. En cambio, el envejecimiento promueve el desarrollo de tumores, ya que el cuerpo de una persona adulta responde menos a la alteración del ADN de las células.

Por sorpresa, la pobreza asociada a la ruralidad pesó mucho más que cualquier otro factor de riesgo. “Podríamos explicar el aumento de la incidencia del cáncer de mama con el sedentarismo y la alimentación poco saludable. También deberíamos indagar cómo responde el sistema de salud en este tipo de poblaciones y si tienen menos acceso a las mamografías”, agregan las investigadoras Díaz y Pou.

En los departamentos del centro y el oeste la incidencia de cáncer de mama fue mayor. Y en menor medida, en el este. A través de análisis estadísticos, las investigadoras descubrieron que esto no fue casual. A mayor pobreza, mayor incidencia. Y sigue: mayor cantidad de necesidades básicas insatisfechas y más población envejecida en contextos de pobreza.

“Envejecer en localidades menos urbanizadas y pobres es un indicador de desigualdad. Prevenir el cáncer de mama no pasa solamente por decisiones individuales que puedan realizar las personas. Necesita de políticas públicas más inclusivas. De un Estado que se ocupe en resolver la brecha social”, sostienen las investigadoras.

Ajustar la mirada. Este estudio made in Córdoba fue realizado en el Centro de Investigaciones y Estudios sobre Cultura y Sociedad, así como en el Instituto de Investigaciones en Ciencias de la Salud, ambas de la Universidad Nacional de Córdoba.

Estas conclusiones con tonada cordobesa confrontan las hipótesis tomadas en otros países. Sus autoras aseguran que permite ajustar la mirada. Y a la hora de prevenir, mejorar las oportunidades para todas.

Por año, se registran en Córdoba 1.500 casos

Alrededor de nueve mil personas al año desarrollan cáncer en Córdoba y cerca de 4.500 mueren por esta misma causa, según el Registro Provincial de Tumores.

En mujeres, el de mama es el cáncer más frecuente, con el 32 por ciento del total de casos. Muy por debajo se ubica el de colon (8 por ciento), pulmón (5,1 por ciento) y cuello de útero (4,8 por ciento).

Según el registro, desde 2009 al 2013 se registraron 7.392 casos de cáncer de mama en la provincia, lo cual significa una tasa de 64,8 casos cada cien mil mujeres. Esto representa cerca de 1.500 casos nuevos por año.

La tasa de mortalidad por este tumor en nuestra provincia es del 30,6 por ciento, el segundo mayor índice por debajo del cáncer en órganos digestivos (donde la tasa de mortalidad es del 45,5 por ciento).

El Ministerio de Salud provincial implementó en 2008 el mamógrafo móvil, con el objetivo de acercar el diagnóstico a mujeres de poblaciones alejadas. Esta prevención llamada “secundaria” es efectiva pero recién cuando el cáncer ya se encuentra desarrollado.